Black Swan (2010)

Dos años después de cosechar múltiples premios y nominaciones con The Wrestler, Darren Aronofsky regresa a las pantallas con un clásico del ballet vuelto thriller.

En Black Swan, Natalie Portman interpreta a una joven y ambiciosa bailarina cuya dedicación casi enfermiza marcará su carrera y su vida. Su madre, otra bailarina cuya pretensiones se vieron frustradas antaño por un embarazo accidental, se presentará como un fuerte personaje secundario que moldea la personalidad de la protagonista. Tras una retirada forzosa de la bailarina principal, Nina Sayers (Portman) se batallará con uñas y dientes por conseguir el papel, con sus miedos y frustraciones como única barrera.

Aronofsky, desde su primer largometraje, Pi (1998), nos viene sorprendiendo cada cierto tiempo con una nueva producción. La que le lanzó a la fama (y probablemente una de sus mejores películas hasta la fecha) fue Requiem For a Dream (2000), con una jovencísima Jennifer Connelly. A esta le sucedió The Fountain (2004), una escapada metafísica que prometía más de lo que aportó, reflejándose esto en su escasa repercusión en taquilla y considerándose el primer fracaso del director, pese a contar con la participación de Hugh Jackman y Rachel Weisz. En 2008 decidió “resucitar” a Mickey Rourke en The Wrestler, cuando su carrera parecía que no iba a ninguna parte desde hacía tiempo (algo así como lo que hizo Quentin Tarantino con John Travolta, cuya carrera cobró vida de nuevo tras Pulp Fiction).

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