Camino

“Camino” está basada en hechos reales, lo cual en su día suscitó más de una polémica. En la película se narra la historia de una niña de 11 años a quien diagnostican cáncer, y el modo en que ésta lo afronta con resignación y fe, inundando de luz a todos los que la rodean.
En la edición de los Goya de 2009, la película, dirigida por Javier Fesser, fue galardonada con 6 premios, incluidos el de Mejor Película y Mejor Director. Fesser siempre me pareció un maestro de la comedia desde que vi sus cortometrajes, “Aquel ritmillo” y especialmente el fabuloso “El secdleto de la tlompeta”. Sus largometrajes, “El milagro de P. Tinto” y la taquillera “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”, he de reconocer que me dejaron indiferente, pese a que en esta ocasión, el cambio de género –Camino es una película con gran carga dramática- abre las puertas a un cúmulo de sensaciones contrapuestas: felicidad/tristeza, optimismo/pesimismo o incluso el inicio de un amor frente al fin de una vida.
Efectivamente. Camino muere y esto es algo que sabemos desde el principio, ya que la película se narra a modo de flashback, comenzando con las últimas horas de vida de la niña. Es triste, cierto, aunque el dramatismo no provoca un desborde incontenible de lágrimas, sino más bien una empatía con el personaje, con esta niña llena de vida aun en sus últimos días y cuya fe le guía y le ayuda a hacer más llevadero su destino.
Sin duda, la fe del núcleo familiar de Camino –así es como se llama la niña, de ahí el título-, viene determinado por su pertenencia al Opus Dei, cuyas altas esferas verán el caso de la niña como un ejemplo de sacrificio para los suyos. No obstante, mientras la fe de madre e hija se manifiesta creciente e inquebrantable, la del padre comenzará a flaquear.
Camino transmite alegría, luz, la inocencia desbordante de la infancia… con ella descubriremos el primer amor, pero también nos empapa la tristeza de los acontecimientos, la fatalidad del inexorable desenlace.
En definitiva, una película con una excelente lección filosófica tras ella: quizás después de verla, nos replanteemos las cosas que son verdaderamente importantes en la vida y apreciemos más el poder disfrutarla cada día.

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