La Historia Oficial (1985)

Cine, Cine Latino | | Miércoles 17/11/2010 a las 8:25 PM

La Historia Oficial es una de esas películas que la ves luego de veinte años y continúa causando el mismo intenso impacto humano. Un filme que recibió el primer Oscar a película extranjera de habla hispana, un clásico del cine argentino, dotada de un increíble realismo y pragmatismo al presentar un áspero punto de vista de la lamentable historia de los niños desaparecidos durante la dictadura militar.

La historia no se centra en la típica víctima “oficial”. No es la niña desaparecida la protagonista de la trama, sino su madre adoptiva: Alicia Marnet de Ibáñez.  Ella, quien es irónicamente una profesora de historia de un instituto universitario, será la heroína que se preocupará por corroborar los hechos históricos y cuestionarse la identidad de su propia adorada hija Gaby.

Quizás lo mejor logrado de la película es el control del devenir de la verdad solo a través del punto de vista de Alicia, magistralmente interpretado por Norma Aleandro.  Alicia es una mujer dócil e ingenua, que vive feliz con un esposo aparentemente perfecto. El amor por su hija es irreprochable e incuestionable. Alicia se desvive por Gaby como lo haría quizás su verdadera madre. Sin embargo, un día, a raíz de una conversación intensa con una amiga, surge el cargo de consciencia de su propia culpabilidad al permanecer siempre callada y pasiva ante los hechos.  Es entonces que de la mano de Alicia, a través de su búsqueda de la identidad de Gaby, el espectador descubre una realidad familiar y matrimonial totalmente opuesta a la inicial. A pesar de conocer claramente la historia oficial de los hechos, no deja de tomarnos por sorpresa la revelación de los mismos.

Cabe resaltar en esta transformación o desnudo de la verdadera naturaleza de los personajes, la brillante e impecable actuación del esposo Roberto, interpretado por Héctor Alterio.  Es tan intensa su actuación, tan devastadora, que en las escenas con Norma Leandro tenemos la sensación que es él el personaje protagónico de la historia. Un personaje lleno de matices humanos, un hombre creíble en sus defectos y errores, que a pesar de ser el ogro, no deja de inspirar cierta lástima en el espectador, alcanzo a decir incluso, como otra víctima de los hechos.

La Historia Oficial está llena también de simbolismos, alegorías, tanto visuales como auditivas. La niña Gaby por ejemplo no deja nunca de cantar la canción infantil “En el país de Nomeacuerdo”, y la letra que al inicio se descubre tras los balbuceos inconclusos de su voz infantil,  se vuelve una daga lacerante de denuncia sobre la amnesia colectiva de la realidad argentina.

Galardona por el Oscar, quizás a causa de uno de esos ataques de mala conciencia o incorrección política (o ambas cosas) que a veces asaltan a la Academia Hollywoodiense, La historia oficial es cine en carne viva, una de esas películas cuya contemplación siempre enriquece a todo aquel que a ella se acerca.

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