¿Existe la estabilidad laboral?

Finanzas | | Viernes 20/08/2010 a las 4:38 AM

¿Existe la estabilidad laboral? ¿Qué tan seguro es realmente un lugar de trabajo hoy en día? ¿Se puede aplicar el concepto de generaciones anteriores a nuestra realidad globalizada?

Antes la vida era más fácil. Aquellos que salían de la universidad finalmente hallaban un puesto de trabajo estable sobre el que cimentar un futuro seguro. A partir de ese momento lo prioritario era conservarlo. Labor relativamente fácil dadas las circunstancias. El quehacer económico parecía esta regido por patrones repetitivos  y recurrentes que parecían indicar una línea de conducta económica estable, poco cambiante y de larga duración. Eran tiempos dorados.

Sin embargo las últimas crisis económicas están demostrando cada vez más, que la vida ha dejado de ser lineal. Es mucho más difícil que antes planificar el futuro basado en esa premisa. Los planes para el pago del crédito de la compra de una casa o un vehículo pueden esfumarse de la noche a la mañana, como bien lo evidenció la última crisis en los Estados Unidos.

¿Hasta qué punto aquello que nos inculcaron nuestros padres – muy justificadamente – preocupados por nuestro bienestar y nuestro futuro, sigue teniendo vigencia?

¿Es posible garantizar hoy la permanencia de un puesto de trabajo a largo plazo?

Comenzando por las empresas, forzadas a adaptarse a cambios drásticos a un velocidad vertiginosa.

Por lo tanto es necesario cambiar el paradigma, y los primeros que deberían pensar en hacerlo son los más afectados.

¿Qué diferencia hay hoy en día entre un lugar de trabajo y una función laboral útil, indispensable?

Nada garantiza hoy en día que el lugar de trabajo en el que uno se está desempeñando  sea sinónimo de inamovilidad.

¿Por lo tanto que garantiza una estabilidad laboral?

Juan B (nombre inventado) es químico farmacéutico recién graduado. Como muchos jóvenes profesionales que aún siguen pensando con el paradigma antiguo, comienza a transitar la senda ya acostumbrada. Su padre, renombrado químico farmacéutico, que acaba de jubilarse, es uno de los primeros en animarlo a hacerlo. Sin saber que los tiempos han cambiado.

Después de presentarse a innumerables entrevistas laborales sin éxito  finalmente y ante la desesperación natural que esto provoca, decide aceptar un empleo como visitador médico, por intermedio de su padre, quien no sale de su asombro ante los cambios producidos últimamente.

Meses más tarde Juan B. se comienza a desesperar ante las perspectivas de permanecer de por vida en la función que aceptó.

Comienza entonces un periplo que calculo, muchos de los jóvenes estarán recorriendo, llevados por la búsqueda no solamente de un puesto estable sino sobre todo de una labor mediante la cual puedan realizarse profesionalmente.

Con el tiempo, empieza a darse cuenta que existe un divorcio total de lo que los médicos necesitan y los productos que el laboratorio ofrece. Se da cuenta que la competencia reacciona muy rápidamente a los cambios en el mercado y que el poco “servicio al cliente” que puede prestar sucumbe finalmente a la preferencia por los precios más bajos. Tampoco hay visos de cambio de política de ventas en su empresa y sus sugerencias y propuestas chocan contra un muro de hormigón armado anclado en procedimientos “ya acostumbrados” y tradicionales.

Después de largas charlas con su padre y con otros visitadores médicos decide “dar la vuelta a la tortilla”. Reduce su horario laboral a tres días por semana y con el poco capital que ha podido ahorrar funda una pequeña empresa unipersonal. Su objetivo: introducir una modalidad diferente, acorde a los tiempos que corren.

Su estrategia: Ofrecer un servicio de búsqueda y provisión de medicamentos en base a la necesidad que expresan los médicos profesionales, sin estar contractualmente vinculado a ninguna marca.

El resultado es apabullante. Muchos médicos expresan su satisfacción abiertamente y lo alientan a seguir en su emprendimiento.

Al cabo de dos años, Juan B. logró lo que muchas personas aún siguen tratando. Hallar un puesto seguro de trabajo. Pero esta vez cimentado no tanto en la estabilidad que pueda proveer una institución sino en una sólida clientela que recurre a sus servicios y un potencial de expansión cada vez más atractivo.

Lejos quedaron la desesperación y la resignación incipiente.

Hoy ya está construyendo su casa y lo mejor de todo es que no necesita ahorrar para su jubilación, mientras la calidad de su servicio  y su trabajo sigan intactos.

Por Rudolf Berhard Behrens Dacak.

Sobre el autor: En la actualidad y después de creer en el mito del puesto seguro de trabajo, finalmente me he lanzado al vacío, y he aprendido a volar. Soy profesor particular de idiomas, doy cursos de capacitación para empresas, trabajo como traductor en congresos y estudio psicología on-line con una universidad en Alemania.

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