Gigante (2009)

La historia de “Gigante” transcurre en un centro comercial, cuando las puertas se cierran y la noche se cierne sobre sus pasillos oscuros y solitarios. Allí es donde cohabitan, unidos por un turno de trabajo a deshoras, un vigilante nocturno de aspecto rudo y una timidez tan descomunal como su físico y una empleada de limpieza. Cobijados por el silencio, se irá fraguando una historia de amor atípica, silenciosa, de un romanticismo sigiloso. La monotonía del trabajo nocturno irá uniendo a estos dos personajes a través del corpulento vigilante, guía principal de la narración a través de sus videovigilancias, sus paseos rutinarios y su ansia por acabar con una soledad no deseada. Su gran corazón necesita demostrar su necesidad de cariño, comprensión y, por qué no, de una vida nueva que ayude a romper el tedio.

“Gigante” es una película solemne, que se mueve con una cadencia suave, pausada, como su personaje principal. Nos hace partícipes de un amor espía, escondido y cada vez más grande, disfrazado bajo el aspecto rudo del protagonista. No faltan, eso sí, sus toques de comedia entre tantos sentimientos reprimidos en una historia de amor furtivo, oculto, agazapado tras la monotonía nocturna.

El bajo presupuesto de esta película uruguaya no va en detrimento de su buena calidad. Se trata de un guión tan sencillo como realista, mundano, listo para enternecer incluso al más espectador más grandullón. Su autor, Adrián Biniez, es también el director y compositor de la música, y conocido por su papel como actor en la película “Whisky” (2004), de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.

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