Misericordia selectiva

Inmigración, Opinión | | Martes 16/11/2010 a las 10:30 PM

Hace unos días me sorprendí con una noticia local, en la que decían que desconocidos habían torturado salvajemente a un perro “collie” de 14 años. Lo habían atado, lo habían apedreado y luego lo habían prendido fuego.

Lo que me horrorizó, además del acto en sí, fue el pensar que existe gente con ese odio, con ese desprecio por la vida de los animales y tan cobarde, que abusan de quien no puede defenderse.

Al principio no pude creer que alguien pudiera ser tan malo, pero si lo analizamos desde el punto de vista de lo que está pasando en nuestra sociedad en los tiempos actuales, podemos llegar a encontrar una explicación.

Yo me horrorizo porque haya gente capaz de torturar animales, pero me horrorizo cuando veo gente que desprecia a los demás solo por su origen étnico… Me horrorizo cuando veo como la gente busca cerrarle las puertas a los demás solo porque no nacieron en este bendito país… Me horrorizo cuando veo como crece el racismo y la discriminación… Cuando veo como se multiplican los ataques hacia los hispanos bajo la excusa del odio racial.

A diario escuchamos a centenares de políticos que hacen ‘politiquería” con el tema de la reforma migratoria y con el “Dream Act” (*). ¿Realmente les importa lo que pasa en la vida de los indocumentados?

Hace unos días escuchaba al gobernador de Tennessee quien comparaba a la reproducción hispana con la reproducción de las ratas. ¿El gobernador cree que somos ratas? ¿Y encima lo dice públicamente? ¿Y para colmo hay gente que lo apoya?

Y ni mencionemos al sheriff Arpaio, tristemente célebre por sus prácticas antiinmigrantes.

Luego de pensar un rato la explicación inicial llega sola a mi cabeza… si hay gente capaz de no querer a sus iguales porque hablan español o porque lucen latinos… ¿cómo no va a haber gente capaz de torturar a un pobre perro?

Un niño a quien le deportan a su papá porque tuvo la mala suerte de ser atrapado manejando sin licencia o trabajando en una fábrica, ¿no es un niño que sufre igual que el perrito? ¿No es un ser indefenso?

No quiero caer en las mismas del gobernador de Tennessee comparando al niño con el perro, pero si nos conmovemos con este acto de tortura espeluznante hacia un animal, ¿no podemos conmovernos ante casos de deportaciones ilógicas que se repiten día tras día?

Antes de terminar mi columna, quiero resaltar que el can se está recuperando en una clínica veterinaria. Debido a sus quemaduras quedó ciego, pero según los médicos, se va a poner bien. Incluso ya mucha gente ha hecho donaciones para ayudar con los gastos médicos.

Y ahora la pregunta del millón, ¿esa gente que dona su dinero para salvar a un pobre perrito, también se conmueve con la separación de las familias y con la necesidad de todo aquel que viene a este país a trabajar?

(*) Dream Act es un proyecto de ley que permitiría que los estudiantes indocumentados accedan a educación universitaria con una vía a la ciudadanía norteamericana.

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