Luz Silenciosa (2007)

Si vamos a hablar de cine latinoamericano de vanguardia, habría que considerar sin duda al impecable director Carlos Reygadas. Con un estilo de cine tan propio, realmente incomparable (aunque muchos críticos se afanan en compararlo con Lars Von Trier y su teoría del Dogma), Carlos Reygadas nos extasía con un cine que no se sostiene sobre la más mínima parafernalia cinéfila: los actores no son actores sino personas verídicas que Carlos elige de acuerdo a la historia, no existe un guion (o al menos los actores no son conscientes del mismo), se usa luz natural, set natural y situaciones que existen en la realidad de la vida de los personajes. Bien podría clasificarse su cine de documental, pero es una ficción al extremo del realismo puro, tanto su ejecución como la ilusión que se quiere lograr para llamarlo “cine”.

Luz silenciosa aborda un tema común humano: la infidelidad. Lo atractivo de la trama está en que ocurre en un sitio peculiar y exótico, donde sus habitantes son gente simple y transparente, ajenos de ese egoísmo banal y superficial que promueve la infidelidad. Situada en una comunidad estrictamente religiosa: los Menonitas (alemanes que emigraron a México para practicar su religión) son un pueblito aislado en el norte de Chihuahua, perdido en el confín del mundo, con una rutina social que resembla la época feudal. A través del sufrimiento moral de una pareja menonita que experimenta un triángulo amoroso, Luz silenciosa se convierte en una reflexión psicológica sobre la relatividad de los valores éticos humanos.

Sonido, luz, ambiente, son elementos tomados de la misma realidad dada, donde la cámara se siente como un espía dentro de la plácida mañana de la familia de Johan. Los niños lucen como sus verdaderos hijos, la manera en que toman la leche al desayunar, que se sientan a la mesa en pleno silencio, pareciera que el cine no existe, que realmente somos intrusos dentro de la escena. Con ese estilo contemplativo de la imagen, uno se ve inmerso dentro de la angustia de Johan, su bondad natural, su inconmensurable amor por su esposa e hijos, y su sincera atracción por esa mujer que es claramente su “media naranja”.

Sin duda alguna, Luz silenciosa es una experiencia teológica profunda, digna del séptimo arte.  Carlos Reygadas no suele ser comprendido por su cine elitista, ni siquiera aun por su propia gente mexicana, pero su cine es tan evolucionado artísticamente, que me recuerda a Andrei Tarkovsky, y al hecho de que sus propios compañeros rusos lo exiliaron de su tierra sin valorarle. Digno de ser llamado un genio del cine, un autor con una voz tan propia, como tan universal en su mensaje humano.

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