Mac VS PC

Después de muchos años de fidelidad a PC forzada por el precio de las computadoras de Apple, me decidí a darle una oportunidad a la empresa de Steve Jobs. Hay varias razones que me decantaron por la nueva aventura de adquirir mi nuevo y flamante iMac, con una modesta pantalla de 21”, más que suficiente para saciar mi sed tecnológica.

Como decía, la principal razón de mi permanencia en el bando PC era debido al elevado precio de cualquier Mac. No obstante, tras analizarlo detenidamente, observé que la fiabilidad de los componentes de Apple me garantizaba, hasta cierto punto, que las teclas no saltarían después de unos meses, que la pantalla no se fundiría o que la batería tendría que ser reemplazada en apenas 1 año, a diferencia de un PC.

La protección ante virus fue algo a considerar, aunque no determinante. Con Apple me siento más protegido, sobretodo si uso mi computadora para cuestiones laborales, aun cuando sea esporádicamente. Eso sí, tampoco querría perder las fotos de mis hijos, mi correo personal o cualquier otro archivo que a lo largo del tiempo haya guardado en mi disco duro.

Aun así, después de tanto tiempo rodeado de PCs, me era dificil prescindir de todos mis programas y mis recursos y “mudarme” a un entorno ajeno. ¿Qué pasaría con mis discos duros formateados para Windows y repletos de archivos? ¿Cómo encontraría la compatibilidad con el laptop de mi esposa o el desktop de los niños?

Quizás ustedes hayan oído hablar de Parallels. Yo lo había hecho, pero nunca tuve mucha fe en los buenos resultados de este software. Se trata de un programa de emulación de Windows creado para ser empleado en el entorno de Mac. Así pues, lo instalé con los dedos cruzados y comencé a rendirme a sus encantos.

Meses después, he de decir que la experiencia está resultando de lo más placentera. Ahora dispongo de mi iMac con Leopard, al tiempo que puedo ejecutar simultáneamente (ya sea en una ventana o a pantalla completa) cualquier otro sistema operativo. En estos momentos, dispongo de Windows XP y Windows 7, aunque realmente sólo uso activamente el primero.

El problemático intercambio de archivos entre sistemas se ha solucionado casi por completo, ya que al conectar mi disco duro externo puedo elegir si lo utilizaré en el Mac o en la Máquina Virtual (en este caso XP). A partir de ahí, sólo tengo que arrastrar el archivo que necesite desde la ventana de XP hasta el desktop de Leopard (o viceversa), de modo que no tengo límites para el uso de mis discos y archivos.

Ahora, en el escritorio de mi iMac hay un ícono identificado como “Windows XP” que, al ejecutarse, iniciará Windows en una ventana como si hubiera conectado un PC dentro de mi iMac. Para cerrarlo, deberé seguir el protocolo habitual de Windows, apagándolo desde el menú de inicio hasta que la computadora virtual se apague por completo. Después, sólo debo cerrar el programa de Parallels y ¡voilà! Sigo trabajando con Leopard tan tranquilo.

Especificaciones: sí recomiendo tener al menos 500Gb de disco duro y 4Gb de memoria en el iMac para poder ejecutar ambos sistemas operativos simultáneamente. En mi caso, he usado tanto programas de video como de edición fotográfica sin que me suponga ningún problema.

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