Durian: el sabor del paraíso y el olor del infierno

Opinión | | Miércoles 17/11/2010 a las 8:50 PM

Después de escuchar innumerables glorificaciones sobre la famosísima durian (también conocida como durián), decidí pagar el lujoso precio de 3 dólares la libra por una fruta que pesaba más de 4 libras.

Sentí que no tenía alternativa, no podía privarme bajo ningún concepto de comer aquel manjar que alegan ser de los afortunados del karma, de los elegidos por los dioses y que desdichado aquel que muere sin probar al menos una mordida de su paradisíaca pulpa. La consideran la reina de todas las frutas, la inigualable, la divina.

Sin embargo, mi experiencia con la durian ha sido infernal.

Durian es una fruta asiática. Su nombre se podría traducir como “espinosa”, y como bien lo indica, su cáscara es dura y compuesta por muchos pinchos a modo de espinas gigantescas. Se parece a la guanábana o al anón caribeño. Es grande, del tamaño de un melón y puede pesar hasta 14 libras. Su sabor se describe como intensamente dulce, su textura cremosa como el helado o el yogurt. Lo interesante o peculiar de la durian está en el olor de la misma. Yo conocía de esta característica, pero acostumbrada a tolerar varias frutas exóticas, raras al paladar, me confié en que por lógica si era una fruta comestible, sería biológicamente tolerable.

Feliz con mi durian en la mesa busqué un cuchillo para cortarla de manera correcta y poder por fin paladear este manjar exótico. Entonces sucedió lo peor, el olor más horrible y apestoso que pudiera yo experimentar en mi vida. El olor que emana la durian al abrirla se asemeja al gas que te echa una mofeta y que se queda pegado en tu ropa, tu piel, tu nariz por toda una semana. También me recordó el olor del gas de petróleo cuando se está procesando en la fábrica, o de la caña de azúcar en la guarapera. Algunos dicen que se asemeja a cebolla fermentada o huevos podridos. Otros son más certeros cuando dicen que huele como si una granja entera de cerdos decidiese evacuar gas a la misma vez. Yo creo que es algo realmente indescriptible, horripilante.

De más está decir que sin poder terminar de cortarla corrí a tirarla a la basura del patio, lejos de la casa. Tuve que esperar que se me pasaran los deseos de vomitar, tratando de borrar de mi mente el sentido del olor. Aún así pasaron horas y horas y todo me olía a durian. La cama me olía a durian… el agua, el desodorante, el refrigerador me olía a durian.

Ahora, luego de vivir la experiencia más increíble de mi vida ante una fruta diabólica, pienso que aquellos que afirman que es deliciosa, es porque definitivamente deben tener su olfato atrofiado, y lo más probable esto les ayuda a poder saborear el supuesto dulzor de la pulpa de la Durian. ¿Pero cómo puedes separar el olor del sabor al probar algo? Básicamente, con la durian, si vences el infierno, alcanzas el cielo.

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2 Comments

  1. Gabriela dice:

    Que descripciòn tan emocionante… jajajajajajajaja!!! Me morìa de la risa al leerlo, pero si me diste una idea del olor, que era lo que yo buscaba!!! Gracias por tomarte el tiempo de vivir esa experiencia celestial y no morir en el intento, para poder narrarla!!!

  2. jorge dice:

    pero no lo probaste????

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