Salvados por la campana

El otro día tuve una de esas conversaciones esperpénticas en torno a la muerte y el temor de ciertas personas a ser enterrados vivos. Todos en la mesa parecimos estar de acuerdo en que, aún hoy en día, a muchos les aterra pensar en esta posibilidad.

De ahí surgió la curiosidad por conocer más sobre este tipo de situaciones y, más en concreto, si todavía existía en el presente la posibilidad de sufrir semejante destino. En apenas unos minutos encontré en Internet varios métodos para prevenirlo, sistemas reales, algunos patentados en el siglo XVIII.

El que más llamó mi atención fue el denominado “Ataúd de Seguridad de Taberger”, el cual tenía un sistema mediante el cual el fallecido era enterrado bajo tierra con una cuerda atada a la mano, cuyo extremo quedaba enganchado a una pequeña campana en la superficie. Así, si el desafortunado había sido enterrado en vida por error, podía avisar y ser rescatado de una muerte atroz. Es por ello que a este artilugio se le atribuye la conocida frase “Salvado por la campana”.

Si bien el ataúd con mecanismo de salvamento parece ser real, hay grandes dudas de que la frase en sí provenga de este invento. Más bien, es prácticamente seguro que tiene su origen en los combates de boxeo, donde los contendientes son salvados de la derrota por la campana que indica el final de un “round”.

Eso sí, la expresión “Salvado por la campana” sigue viniéndole como anillo al dedo al famoso ataúd. Yo, por si acaso, prefiero que me incineren.

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