Juan de los muertos (2011)

Juan de los muertos es una película bastante atípica. Diría que se trata de una película más sobre zombies, si no fuera porque los muertos vivientes… “viven” en La Habana. En realidad se trata de la primera película en su género que se filma en Cuba, con la idiosincrasia de este país y el humor que conlleva.

Juan es un cubano más que vive al día, con una familia disfuncional y unos amigos que tampoco consideraría normales. Son personajes casi antisociales, hasta el punto que cuando estalla una epidemia en la isla caribeña, su solución es radical: montar una compañía que ofrece matar a sus seres queridos cuando se conviertan en zombies.

Es un humor negro, muy cubano, para el que quizás se necesita conocer ciertos detalles de este pueblo, pero que aun así se puede disfrutar como una comedia hilarante.

Película recomendada, con un gran valor de producción y un tema que cabe aplaudir.

Biutiful (2010)

La última película del director mexicano Alejandro González Iñárritu (autor de “Amores Perros” y “Babel”, entre muchas otras), se presentó en el Festival de Cannes de 2010 como una de las favoritas. Y por supuesto, no decepcionó, con Javier Bardem llevándose el galardón tras un año de descanso después de su merecido Oscar por “No country for old men” de los hermanos Coen.

 

Bardem no se resistió a trabajar con Iñárritu, aunque ya había rechazado recientemente su participación en el musical “Nine”, la cual al tiempo sirvió a Penélope Cruz para conseguir una nominación en Hollywood (pese a las pocas posibilidades reales que tenía de ganarlo este año). Así pues, Javier se apunta al filme del mexicano, con locaciones en Barcelona y alrededores, y en torno al cual se gestó un secretismo inusitado. Tanto, que casi no se sabía nada de él aún cuando ya el ex-compañero del director, el guionista Guillermo Arriaga, se estrenó como director con “The burning plain”, protagonizada por Charlize Theron y Kim Bassinger.

 

Pero volviendo a “Biutiful”, la película cuenta la historia de Uxbal, un padre abnegado que lucha por estabilizarse después de un fracaso sentimental, con una sensibilidad extraordinaria. Desde ese momento, se verá obligado a esforzarse por cumplir su papel de padre ejemplar y cuidar de sus hijos, haciendo las paces con el pasado, el cual no dejará de atormentarle.

Machete (2010)

Hoy he visto una película de Robert Rodríguez que desde hace un tiempo tenía ganas de ver, especialmente por el hecho de ver a Danny Trejo como actor protagonista en Machete (2010).

A Danny Trejo lo hemos podido ver en grandiosas películas como Heat (1995),  Con Air: Convictos en el aire (1997), o Desperado (1995), en la que por cierto hacía el papel de Navajas, un asesino a sueldo que tenía que dar caza al mariachi con sus machetes, cuchillos y navajas.
Pienso que Robert Rodríguez, cuando escribió Desperado (1995) e introdujo a Navajas, posiblemente ya tenía la idea de dedicarle todo un film completo en torno a dicho personaje y terminar produciendo Machete, sin embargo considero que el resultado no ha sido del todo satisfactorio -al menos a mi entender- y a continuación explicaré los motivos.

Machete es un ex-policía federal de México que es traicionado por el propio sistema policial corrupto, asesinan a su mujer y tratan de terminar con su vida.
Tres años después resurge como inmigrante ilegal en Texas que se busca la vida como jornalero, sin aparentemente perseguir a los culpables de su desdicha, hasta que casualmente es contratado para asesinar a un senador y su contacto está relacionado con el asesino directo de su mujer.
El hecho es que Machete ha de aceptar la oferta de asesinar al senador puesto que no le dan otra alternativa, sin embargo cuando está a punto de realizar el disparo se da cuenta de que es una trampa y es él quien recibe un disparo para posteriormente incriminarlo en el intento de asesinato.

Como he comentado al inicio, me entusiasmaba el hecho de ver a Danny Trejo como protagonista y ver de lo que era capaz de hacer con esa responsabilidad de llevar las riendas, sin embargo -y aunque es cierto que ha habido momentos de despegue en su personaje tal y como esperaba verlo-  me ha sabido a poco su actuación.
Por ejemplo, analicemos la escena en la que es malherido y trasladado al hospital. Me parece grandioso cuando se enfrenta a sus perseguidores, la forma en como improvisa con los instrumentos cortantes de cirugía y une 4 o 5 bisturís al cinturón de la enfermera, la manera en como se evade del lugar, es decir, toda esa acción que podemos ver en dicha escena no se extrapola al resto de la película.
Más que la decepción en la actuación de Danny Trejo, cosa que no ha sido así, la decepción llega en que no me ha dado la sensación de ver al personaje tal y como lo había visto en el trailer.

Pero de todos modos yo no creo que el problema haya estado en la actuación de Danny Trejo, sino más bien que el guión no ha sido del todo bueno.
Hay muchos elementos que sobran y son incoherentes con la películas. Por ejemplo, el personaje de Lindsay Lohan y sus escenas son completamente ridículas e innecesarias, algo agregado a la fuerza para reforzar la parte comercial del film.
También me sobra a Jessica Alba y todo el entramado de “La red”, pero manteniendo a Michelle Rodríguez, la cual si me parece interesante y de hecho tendría que haber tenido más acción junto con Machete, es decir, enfrentarse juntos desde el comienzo y no esperar a la escena final para descargarnos toda la acción, que como digo es algo que me ha faltado durante casi toda la película.
Para terminar hablar de un Robert de Niro muy flojo y un Steven Seagal como mínimo atemporal.

El guión es deficiente pero aun así hay partes de la película que podemos rescatar y ver un Machete que como mínimo puede entretener.

Un Franco, 14 pesetas (2006)

La película Un Franco, 14 pesetas es una historia de inmigrantes. Es el eterno dilema de quien deja su país en busca de fortuna, siempre pensando en el momento en que podrá regresar a su tierra. Lo más difícil, no obstante, casi siempre es volver.

Carlos Iglesias dirige y protagoniza este filme situado en la España de 1960, cuando miles de personas abandonaban el país en busca de una vida mejor. Esa es la historia de Martín y Marcos, dos amigos que deciden marcharse a Suiza en busca de trabajo. Sus familias se quedan en España mientras ellos luchan por abrirse camino en una Europa progresista, liberal y llena de oportunidades. Allí se enfrentarán al choque cultural fruto de la inmigración y descubrirán una mentalidad muy diferente de la suya. Ya establecidos en un pequeño pueblo industrial, sus familias se les unirán y continuará el proceso de integración y superación. Tras el fallecimiento del padre de Martín, se plantearán la hora de regresar de nuevo a su patria.

Todos aquellos que en algún momento han tenido que abandonar su país por razones de trabajo o simplemente en busca de un porvenir para ellos o sus familias, sin duda se sentirán identificados con el personaje que interpretan Carlos Iglesias y Javier Gutiérrez. Uno se acostumbra a ese voluntario exilio y se habitúa a la vida en otro lugar. Más tarde, cuando intentas regresar, las cosas en tu país ya no son como las recordabas o, en el peor de los casos, sencillamente tendrás que empezar de nuevo un proceso de integración… esta vez en tu tierra.

Luz Silenciosa (2007)

Si vamos a hablar de cine latinoamericano de vanguardia, habría que considerar sin duda al impecable director Carlos Reygadas. Con un estilo de cine tan propio, realmente incomparable (aunque muchos críticos se afanan en compararlo con Lars Von Trier y su teoría del Dogma), Carlos Reygadas nos extasía con un cine que no se sostiene sobre la más mínima parafernalia cinéfila: los actores no son actores sino personas verídicas que Carlos elige de acuerdo a la historia, no existe un guion (o al menos los actores no son conscientes del mismo), se usa luz natural, set natural y situaciones que existen en la realidad de la vida de los personajes. Bien podría clasificarse su cine de documental, pero es una ficción al extremo del realismo puro, tanto su ejecución como la ilusión que se quiere lograr para llamarlo “cine”.

Luz silenciosa aborda un tema común humano: la infidelidad. Lo atractivo de la trama está en que ocurre en un sitio peculiar y exótico, donde sus habitantes son gente simple y transparente, ajenos de ese egoísmo banal y superficial que promueve la infidelidad. Situada en una comunidad estrictamente religiosa: los Menonitas (alemanes que emigraron a México para practicar su religión) son un pueblito aislado en el norte de Chihuahua, perdido en el confín del mundo, con una rutina social que resembla la época feudal. A través del sufrimiento moral de una pareja menonita que experimenta un triángulo amoroso, Luz silenciosa se convierte en una reflexión psicológica sobre la relatividad de los valores éticos humanos.

Sonido, luz, ambiente, son elementos tomados de la misma realidad dada, donde la cámara se siente como un espía dentro de la plácida mañana de la familia de Johan. Los niños lucen como sus verdaderos hijos, la manera en que toman la leche al desayunar, que se sientan a la mesa en pleno silencio, pareciera que el cine no existe, que realmente somos intrusos dentro de la escena. Con ese estilo contemplativo de la imagen, uno se ve inmerso dentro de la angustia de Johan, su bondad natural, su inconmensurable amor por su esposa e hijos, y su sincera atracción por esa mujer que es claramente su “media naranja”.

Sin duda alguna, Luz silenciosa es una experiencia teológica profunda, digna del séptimo arte.  Carlos Reygadas no suele ser comprendido por su cine elitista, ni siquiera aun por su propia gente mexicana, pero su cine es tan evolucionado artísticamente, que me recuerda a Andrei Tarkovsky, y al hecho de que sus propios compañeros rusos lo exiliaron de su tierra sin valorarle. Digno de ser llamado un genio del cine, un autor con una voz tan propia, como tan universal en su mensaje humano.

La Historia Oficial (1985)

La Historia Oficial es una de esas películas que la ves luego de veinte años y continúa causando el mismo intenso impacto humano. Un filme que recibió el primer Oscar a película extranjera de habla hispana, un clásico del cine argentino, dotada de un increíble realismo y pragmatismo al presentar un áspero punto de vista de la lamentable historia de los niños desaparecidos durante la dictadura militar.

La historia no se centra en la típica víctima “oficial”. No es la niña desaparecida la protagonista de la trama, sino su madre adoptiva: Alicia Marnet de Ibáñez.  Ella, quien es irónicamente una profesora de historia de un instituto universitario, será la heroína que se preocupará por corroborar los hechos históricos y cuestionarse la identidad de su propia adorada hija Gaby.

Quizás lo mejor logrado de la película es el control del devenir de la verdad solo a través del punto de vista de Alicia, magistralmente interpretado por Norma Aleandro.  Alicia es una mujer dócil e ingenua, que vive feliz con un esposo aparentemente perfecto. El amor por su hija es irreprochable e incuestionable. Alicia se desvive por Gaby como lo haría quizás su verdadera madre. Sin embargo, un día, a raíz de una conversación intensa con una amiga, surge el cargo de consciencia de su propia culpabilidad al permanecer siempre callada y pasiva ante los hechos.  Es entonces que de la mano de Alicia, a través de su búsqueda de la identidad de Gaby, el espectador descubre una realidad familiar y matrimonial totalmente opuesta a la inicial. A pesar de conocer claramente la historia oficial de los hechos, no deja de tomarnos por sorpresa la revelación de los mismos.

Cabe resaltar en esta transformación o desnudo de la verdadera naturaleza de los personajes, la brillante e impecable actuación del esposo Roberto, interpretado por Héctor Alterio.  Es tan intensa su actuación, tan devastadora, que en las escenas con Norma Leandro tenemos la sensación que es él el personaje protagónico de la historia. Un personaje lleno de matices humanos, un hombre creíble en sus defectos y errores, que a pesar de ser el ogro, no deja de inspirar cierta lástima en el espectador, alcanzo a decir incluso, como otra víctima de los hechos.

La Historia Oficial está llena también de simbolismos, alegorías, tanto visuales como auditivas. La niña Gaby por ejemplo no deja nunca de cantar la canción infantil “En el país de Nomeacuerdo”, y la letra que al inicio se descubre tras los balbuceos inconclusos de su voz infantil,  se vuelve una daga lacerante de denuncia sobre la amnesia colectiva de la realidad argentina.

Galardona por el Oscar, quizás a causa de uno de esos ataques de mala conciencia o incorrección política (o ambas cosas) que a veces asaltan a la Academia Hollywoodiense, La historia oficial es cine en carne viva, una de esas películas cuya contemplación siempre enriquece a todo aquel que a ella se acerca.

Cautiva (2003)

A pesar de que Cautiva es una producción cinematográfica del 2003, comparte una trama muy similar a la reconocida y galardonada película argentina, La historia oficial de 1985. Sin embargo Cautiva presenta una singular diferencia: la hija de padres desaparecidos no tiene 5 años, sino 15, y en contraste con La Historia Oficial, no se enfoca en el sentir o padecer de sus padres adoptivos, sino en la búsqueda interna de la hija Cristina Quadri (Bárbara Lombardi), quien ahora es lo suficiente madura para reflexionar y opinar ante su caótica situación familiar con su identidad robada.

A pesar de que la película ha dividido a la crítica, algunos halagándola, pero otros considerándola sentimentalista, lenta o tediosa, es realmente remarcable la dirección de la trayectoria dramática, la talentosa manera en que el director logra que el espectador ingenuamente se identifique al inicio con el punto de vista parcial de Cristina, quien comienza por odiar y repudiar al juez y a la supuesta abuela “real”, a esos personajes antagónicos que la separan de sus padres “irreales”. Se vuelve inevitable presenciar la película bajo un cuestionamiento de valores sociales, con una tensión constante de lo que es justo, de la relativa felicidad: si es encontrar la verdad, o seguir viviendo la mentira.

Por este control del guión y de su punto de vista, creo que el director Gastón Biraben merece un válido reconocimiento.  Quizás por ello la película ha ganado el premio FRIPRESCI de Toulouse, el Coral del Festival de la Habana, y el premio Horizonte de San Sebastián, entre otros.

Aunque posee una dirección de arte y vestuario naturalista, Cautiva nos atrapa en una atmósfera creíble, enriquecida por la estelar actuación de Bárbara Lombardi, quien caracteriza una adolescente callada, introvertida y meditabunda, pero que con sus silencios nos trasmite su desesperación, confusión e incertidumbre. Bárbara está apoyada también por la sobresaliente actuación del juez, Hugo Arana, el cual ganó un premio Condor por su actuación secundaria.

Si Cautiva sobrepasa la calidad de La Historia Oficial (ganadora del primer Oscar otorgado a una película de habla hispana de Latinoamérica) es aún cuestionable, pero sin embargo, bien podría decirse que se mantiene a su altura. Repetir una película que aborda nuevamente la conocida historia de los niños desaparecidos de las Abuelas de Mayo es un peligro dramatúrgico que podría caer en un discurso retórico social. No obstante, Cautiva realmente es una joya cinematográfica, digna de ser apreciada en su propia individualidad.

Amador (2010)

No tienes dinero. No tienes trabajo. Estás sola. Eres una inmigrante en un país lejano. Esa es la difícil situación en la que se encuentra Marcela, una joven en apuros económicos que finalmente consigue encontrar un trabajo durante el verano.

Marcela es una inmigrante andina, personaje encarnado –una vez más- por Magaly Solier, quien ya interpretara papeles similares en películas como “Madeinusa” o la recientemente nominada al Oscar, “La Teta Asustada”. El personaje, no obstante, no tiene tanto que ver con sus interpretaciones previas, ya que la circunstancia es totalmente diferente.

El trabajo que Marcela deberá desempeñar es cuidar de Amador, un viejito que vive postrado en una cama, durante el tiempo en que su familia estará ausente. Por fin parece que las cosas van a mejorar cuando, a los pocos días, Amador muere. Es en ese momento cuando Marcela se encontrará en una fuerte encrucijada moral, una difícil situación que le hará replantearse sus principios. El fallecimiento de Amador representa el final de su trabajo, lo cual será la base del dilema moral para Marcela.

Fernando León de Aranoa es el guionista y director, quien ya nos sorprendiera anteriormente con “Princesas”, “Familia” o “Los lunes al sol”, esta última protagonizada por el multifacético Javier Bardem. En esta ocasión, “Amador” no es una película tanto sobre inmigración como más bien un cuidado retrato de una mujer en un aparente callejón sin salida.

Los pecados de mi padre (2009)

Nicolás Entel produce y dirige este fabuloso documental enfocado en la relación entre Pablo Escobar, el narcotraficante colombiano más famoso del mundo, y su hijo, Sebastián Marroquín. Sebastián hace un recorrido por una infancia rodeada de lujo, una adolescencia marcada por el miedo y una madurez azotada por una culpabilidad heredada.

No es fácil ser el hijo de Pablo Escobar. Esto queda patente a lo largo del filme. A medida que pasan los minutos, Sebastián relata la vida de su familia a la sombra del que llegó a ser uno de los hombres más poderosos de Colombia, acunado bajo el manto del narcotráfico.

Queda claro que no es uno de tantos documentales sobre la figura de Pablo Escobar, su vida, sus crímenes y su muerte. Todo esto es sólo la circunstancia que nos presenta el argumento principal: el peso de llevar el apellido Escobar. No es, eso sí, una victimización de la familia, ni parece serlo. Más bien se muestra como un relato sincero narrado por el propio Sebastián Marroquín, quien tuvo que cambiar su nombre y su país –actualmente reside en Argentina- para tratar de llevar una vida normal.

Con cierto arrepentimiento, cargando a cuestas la culpa por los crímenes de su padre, Sebastián pide disculpas por las atrocidades cometidas, no las condona ni las excusa. De hecho, es muy explícito en su forma de pedir perdón a algunas de sus víctimas, tales como los hijos del ministro Rodrigo Lara Bonilla y del candidato presidencial Carlos Galán, ambos ejecutados por sicarios de Escobar, enviándoles primero una carta y posteriormente encontrándose con ellos, en una conversación que comienza con tensión nerviosa pero termina con comprensión y una visión optimista.

Lo más interesante de la película es el trasfondo, el mensaje que subyace bajo las imágenes y que queda latente en las palabras de Sebastián a través de su sufrimiento: los crímenes se pagan.

Viva Cuba (2006)

Jorgito y Malú son apenas unos niños. No entienden de política, pero sí saben de amistad. De hecho, han prometido que serán amigos para siempre, a pesar del odio entre sus familias. Al morir la abuelita de Malú, su madre decide marcharse de Cuba, por lo que los niños decidirán escaparse de sus casas para poder seguir juntos.

Juan Carlos Cremata es el director de esta película con tintes infantiles pero trasfondo absolutamente maduro. Una historia de exilio, pre-exilio más bien, y las repercusiones que esto tiene en dos personas que, aun no siendo adultos, son capaces de entender la importancia de la amistad y el cariño.

Es una historia más, quizás, aunque la novedad aquí reside en la subjetividad de quienes la viven, con el peculiar carácter de ser niños. Uno se siente identificado con Malú y Jorgito, y cómo estos luchan por mantenerse unidos, en unas circunstancias difíciles, casi imposibles. Muestra la tristeza de la separación, pero también la alegría de compartir, de vivir incluso.

Muy de pasada –o quizás excesivamente superficial- es la trama política. Y es que ésta no parece ser una película de ideologías, sino de sentimientos. La situación histórica no requiere mucha explicación, la tensión entre ambas familias hace patente las diferencias, aunque sencillamente lo justo para lograr la empatía con los jóvenes prófugos.