Opinión sobre Chromecast de Google

En julio de 2013, Google lanzó al mercado su dispositivo Chromecast, un media center portátil con conexión directa al puerto HDMI de tu TV. Hoy, por fin podemos hacer una evaluación precisa de lo que representa.

¿Qué es Chromecast?

394077-google-chromecastChromecast es un pequeño dispositivo -apenas algo más grande que un pen-drive USB tradicional- con conexión HDMI en un lado y un puerto USB al otro. El HDMI va conectado directamente al TV, mientras que el puerto USB está destinado a proveer la fuente de alimentación de dos maneras posibles: conectándolo a través de un cable a un puerto USB del TV (cada vez más comunes hoy en día) o conectarlo directamente al tomacorriente mediante un adaptador incluido.

¿Cómo funciona Chromecast?

Podría decirse que Chromecast es prácticamente un dispositivo “plug-and-play”, debido a la facilidad con que se instala. Tras conectarlo al TV, sólo tendrás que darle un nombre ya sea usando tu teléfono (deberás bajar la aplicación Chromecast) o tu ordenador.

¿Qué servicios ofrece Chromecast?

Los servicios más interesantes que puedes disfrutar a través de Chromecast sin duda son los de vídeo, desde YouTube hasta Netflix. El primero está disponible para todo el mundo, pero para poder ver Netflix necesitarás una suscripción independiente (lo cual sólo se ofrece si vives en EE.UU.)

Si tienes tus propias películas en formato DiVX, Xvid y otros, podrás usar la aplicación Plex para verlas en tu TV a través de Chromecast. Lo extraordinario de Plex es que dispondrás de una videoteca perfectamente organizada mediante carátulas, sinopsis y una infinita cantidad de información sobre cada película.

¿Que qué es lo mejor de Chromecast? Sin duda su precio: apenas $35, muchísimo menos de lo que te habría costado un media center tradicional.

Pasos peatonales visten bandera estadounidense.

9/11/12 New York City

La bandera estadounidense ha sido grafiteada artísticamente en tres distintos lugares de la ciudad de New York el día de hoy. Las mismas pueden ser vistas en Soho, el Distrito Financiero, y en Williamsburg, Brooklyn. Los diseños tienen plasmada la frase “live for today” lo que significa “vive hoy”, y se han realizado por un grupo de estudiantes con el fin de unir a las personas y de recordar el 11 de Septiembre.

Profesor: Stefan Haverkamp
Alumnos:
Barbara Bandres / Erick Gordensky
Charley Shneider / Jammy Flynn
Keri Tan Brenna / Pileggi
Anja Michel

 

Sin videos musicales en la MTV

Para mi la MTV ha sido siempre el canal alternativo o muy a menudo, por que no decirlo, el canal salvavidas para casos en que el resto de la programación -mediocre y chabacana- de otros canales me ha animado a ver vídeos musicales.

En el pasado he llegado a ver horas de vídeos musicales.
Recuerdo un vídeo estupendo de Moby- Why does my heart feel so bad. No me importaba verlo 2 o 3 veces al día. O que me decís del vídeo de Christina Aguilera, Lil’ Kim, Mya, Pink – Lady Marmalade.

Si no me equivoco demasiado, creo que es a partir del 2001-2002 -en España- cuando la MTV comienza a incluir en su programación algunos programas o incluso series de animación. Creo que Beavis and Butthead fue de las primeras, así como el reality de la familia de Ozzy Osbourne.

La MTV ha explotado sobremanera una programación que se aleja de su propia esencia, es decir, es como si en un canal de cocina tan sólo dieran consejos culinarios durante 3 horas, y el resto del día hablaran de caza y pesca.

Algo tan absurdo como esto es exactamente lo que ha ocurrido  con la MTV. Los realitys se han adueñado de la programación. Esto ya no es la MTV, esto se ha convertido en un telereality para captar a las juventudes aleladas que se identifican con los actores -porque todos son actores o terminan siéndolo- que aparecen en pantalla.

Al ver realitys tan insípidos o lamentables como Paris Hilton my new BFF o Jersey Shore, con un grupo de tarados que se dedican a hacer estupideces, es cuando verdaderamente pienso que la MTV ha tocado fondo.
Tal vez haya logrado incrementar sus ingresos con este tipo de programas, pero sin duda a perdido algo más valioso.

Por lo que a mi respecta, la MTV debería reafirmarse a sí misma y volver a sus inicios, es decir, volver a la producción videomusical que desde siempre la ha caracterizado, al fin y al cabo de eso se trata, es MTV o Music TV.

El corrector

Nunca he sido objeto de demasiadas correcciones en cuanto a los términos que utilizo para expresarme, y si acaso alguna vez me han hecho saber alguna incorrección dialéctica que hubiera cometido, lo he advertido al instante y sin mayores inconvenientes he aceptado la corrección.

Sin embargo cuando he sido yo el que ha tenido que corregir los errores lingüísticos de otros he notado cierto aire de enojo enmascarado con sonrisa burlesca.

Puestos a hacer burlas considero que el corrector tendría prioridad a iniciar la mofa puesto que es él quien descubre la incorrección, así que en lugar de molestarse, pienso que “el infractor de la palabra” debería sentirse afortunado cuando otra persona le alecciona de manera desinteresada y a su favor.

De todas formas soy un corrector, pero no lo soy en el sentido estricto, es decir, tan solo me doy a conocer en este aspecto cuando la incorrección es tan evidente que incluso hace eco en mi tímpano antes de desvanecerse por completo.

Recuerdo a un encargado de una fábrica que tenía en un viejo trabajo. Creo que recordaré la frase literal que me dijo y por desgracia no podré olvidar;

“Cuando no haiga material me avisas”
Me quede unos segundos aturdido y le respondí, – “¿Cuándo no haiga?”

No me considero el tipo más inteligente del mundo, pero considero que una persona que está por encima de mi en un trabajo debería de ser más inteligente que yo, o al menos aparentarlo.

Otra palabra que suele retumbar en mis oídos cuando la oigo es el cambio de uso del adverbio de lugar “ahí” por el presente del verbo haber, “hay”.
En un ejemplo se ve más claro;
Voy hacia tu casa, a las 5 de la tarde estaré hay

Por tanto, aunque en ocasiones te esfuerces y actúes como “un corrector” siempre habrá gente que, incomprensiblemente, se molestará cuando lo hagas, en lugar de darse cuenta de que en verdad tus lecciones desinteresadas van a su favor.

El repelengue

Hace poco tiempo que compré el Repelengue, que tal como su nombre indica, se trata de un producto que sirve para repeler el mosquito causante del dengue.
El dengue es una enfermedad viral producida por el virus del dengue, el cual transmite cierto de tipo de mosquito -no todos los mosquitos pueden llegar a ser portadores de dengue-.

Nunca he llegado a entender el funcionamiento, o la eficacia de este spray, el cual ha de ser aplicado por el cuerpo y supuestamente ya no te han de picar los mosquitos, ¿o solo dejan de picar los mosquitos con dengue?

Me hago esta pregunta por el hecho de que tras haberme aplicado el producto, en menos de un minuto ya me habían sustraído sangre de una zona de mi cuerpo protegida con repelengue.
Se supone que con este líquido antimosquitos no debería haberse acercado ninguno, sin embargo y como digo llegó la picada.

De todos modos tampoco quiero hacer una campaña en contra de este producto, pero al menos contar mi experiencia tras haber invertido unos 4 euros que creo que me costó.

Como consumidores estamos habituados a comprar productos de bajo coste pensando que, si no dan resultado, tampoco se pierde demasiado, de modo que podemos sustituirlo por otro producto que termine dando resultado.
Sin embargo esta forma de actuar puede suponer un gasto mayor del previsto, de modo que primero se prueba con un producto muy económico -el cual no da buenos resultados- para finalmente comprar un segundo producto de mayor calidad.
De esta manera el consumidor ha pagado una cantidad global mayor que la que inicialmente era necesaria.

 

Toshiba Satellite, el mejor laptop

Tengo muy claro que cuando tenga que adquirir un nuevo ordenador portátil o laptop volverá a ser un Toshiba.
Le doy la puntuación más alta en cualquiera de sus componentes, ya sea por sus prestaciones y su durabilidad.

Tengo un láptop Toshiba Satellite desde hace aproximadamente 4 años puedo decir que ha sido una de mis mejores compras de los últimos años. El láptop se mantiene compacto como el primer día, es decir, cuando abro la tapa veo el mismo teclado firme y consistente, y sin ningún problema en ninguna de sus teclas, a diferencia de un modelo de láptop HP Pavilion que posee mi mujer que le saltaban las teclas, bueno, que poseía, puesto que apenas le llegó al año de vida ya que se le quemó el procesador por sobrecalentamiento.

No sabría decir con exactitud la cantidad de horas útiles que mi Toshiba Satellite ha tenido, pero puedo asegurar  han sido horas “abusivas” de uso para un láptop que todavía tiene mucho que decir.
Igualmente quiero hablar de los componentes del Toshiba, como bien pueden ser la batería y la fuente de alimentación. Es cierto que la batería ha ido perdiendo capacidad de carga en los últimos años, y por supuesto cada vez dura menos tiempo por lo que hay que conectar el cargador más a menudo, pero esto es así en cualquier tipo de batería, por tanto, nada que objetar en tal aspecto.
Y hablando del cargador, simplemente decir que hasta ahora ha cometido bien función, con muchísimas horas de uso  y sin ninguna incidencia salvo que se calienta algo más que en sus etapas iniciales.

Otra cosa a tener en cuenta de este modelo Toshiba Satellite, es que la pantalla apenas a perdido holgura. Es decir, sabéis que al cabo del tiempo el láptop suele perder fortaleza en el pasador de la tapa, haciendo que al estar abierto, la pantalla no se quede fija en un punto, dando unos centímetros de movimiento.
Pues bien, apenas han sido 2 centímetros de holgura los que ha podido perder en estos 4 años de uso, una variación poco considerable.

Comparando nuevamente el Toshiba con el HP Pavilion, nuevamente advertir que el segundo puede llegar a tener una holgura de tres dedos, según he podido comprobar.

En conclusión y como ya he dicho, si quieres un ordenador bueno, consistente y que te dure más de 2 años, te recomiendo un Toshiba.

 

Durian: el sabor del paraíso y el olor del infierno

Después de escuchar innumerables glorificaciones sobre la famosísima durian (también conocida como durián), decidí pagar el lujoso precio de 3 dólares la libra por una fruta que pesaba más de 4 libras.

Sentí que no tenía alternativa, no podía privarme bajo ningún concepto de comer aquel manjar que alegan ser de los afortunados del karma, de los elegidos por los dioses y que desdichado aquel que muere sin probar al menos una mordida de su paradisíaca pulpa. La consideran la reina de todas las frutas, la inigualable, la divina.

Sin embargo, mi experiencia con la durian ha sido infernal.

Durian es una fruta asiática. Su nombre se podría traducir como “espinosa”, y como bien lo indica, su cáscara es dura y compuesta por muchos pinchos a modo de espinas gigantescas. Se parece a la guanábana o al anón caribeño. Es grande, del tamaño de un melón y puede pesar hasta 14 libras. Su sabor se describe como intensamente dulce, su textura cremosa como el helado o el yogurt. Lo interesante o peculiar de la durian está en el olor de la misma. Yo conocía de esta característica, pero acostumbrada a tolerar varias frutas exóticas, raras al paladar, me confié en que por lógica si era una fruta comestible, sería biológicamente tolerable.

Feliz con mi durian en la mesa busqué un cuchillo para cortarla de manera correcta y poder por fin paladear este manjar exótico. Entonces sucedió lo peor, el olor más horrible y apestoso que pudiera yo experimentar en mi vida. El olor que emana la durian al abrirla se asemeja al gas que te echa una mofeta y que se queda pegado en tu ropa, tu piel, tu nariz por toda una semana. También me recordó el olor del gas de petróleo cuando se está procesando en la fábrica, o de la caña de azúcar en la guarapera. Algunos dicen que se asemeja a cebolla fermentada o huevos podridos. Otros son más certeros cuando dicen que huele como si una granja entera de cerdos decidiese evacuar gas a la misma vez. Yo creo que es algo realmente indescriptible, horripilante.

De más está decir que sin poder terminar de cortarla corrí a tirarla a la basura del patio, lejos de la casa. Tuve que esperar que se me pasaran los deseos de vomitar, tratando de borrar de mi mente el sentido del olor. Aún así pasaron horas y horas y todo me olía a durian. La cama me olía a durian… el agua, el desodorante, el refrigerador me olía a durian.

Ahora, luego de vivir la experiencia más increíble de mi vida ante una fruta diabólica, pienso que aquellos que afirman que es deliciosa, es porque definitivamente deben tener su olfato atrofiado, y lo más probable esto les ayuda a poder saborear el supuesto dulzor de la pulpa de la Durian. ¿Pero cómo puedes separar el olor del sabor al probar algo? Básicamente, con la durian, si vences el infierno, alcanzas el cielo.

Misericordia selectiva

Hace unos días me sorprendí con una noticia local, en la que decían que desconocidos habían torturado salvajemente a un perro “collie” de 14 años. Lo habían atado, lo habían apedreado y luego lo habían prendido fuego.

Lo que me horrorizó, además del acto en sí, fue el pensar que existe gente con ese odio, con ese desprecio por la vida de los animales y tan cobarde, que abusan de quien no puede defenderse.

Al principio no pude creer que alguien pudiera ser tan malo, pero si lo analizamos desde el punto de vista de lo que está pasando en nuestra sociedad en los tiempos actuales, podemos llegar a encontrar una explicación.

Yo me horrorizo porque haya gente capaz de torturar animales, pero me horrorizo cuando veo gente que desprecia a los demás solo por su origen étnico… Me horrorizo cuando veo como la gente busca cerrarle las puertas a los demás solo porque no nacieron en este bendito país… Me horrorizo cuando veo como crece el racismo y la discriminación… Cuando veo como se multiplican los ataques hacia los hispanos bajo la excusa del odio racial.

A diario escuchamos a centenares de políticos que hacen ‘politiquería” con el tema de la reforma migratoria y con el “Dream Act” (*). ¿Realmente les importa lo que pasa en la vida de los indocumentados?

Hace unos días escuchaba al gobernador de Tennessee quien comparaba a la reproducción hispana con la reproducción de las ratas. ¿El gobernador cree que somos ratas? ¿Y encima lo dice públicamente? ¿Y para colmo hay gente que lo apoya?

Y ni mencionemos al sheriff Arpaio, tristemente célebre por sus prácticas antiinmigrantes.

Luego de pensar un rato la explicación inicial llega sola a mi cabeza… si hay gente capaz de no querer a sus iguales porque hablan español o porque lucen latinos… ¿cómo no va a haber gente capaz de torturar a un pobre perro?

Un niño a quien le deportan a su papá porque tuvo la mala suerte de ser atrapado manejando sin licencia o trabajando en una fábrica, ¿no es un niño que sufre igual que el perrito? ¿No es un ser indefenso?

No quiero caer en las mismas del gobernador de Tennessee comparando al niño con el perro, pero si nos conmovemos con este acto de tortura espeluznante hacia un animal, ¿no podemos conmovernos ante casos de deportaciones ilógicas que se repiten día tras día?

Antes de terminar mi columna, quiero resaltar que el can se está recuperando en una clínica veterinaria. Debido a sus quemaduras quedó ciego, pero según los médicos, se va a poner bien. Incluso ya mucha gente ha hecho donaciones para ayudar con los gastos médicos.

Y ahora la pregunta del millón, ¿esa gente que dona su dinero para salvar a un pobre perrito, también se conmueve con la separación de las familias y con la necesidad de todo aquel que viene a este país a trabajar?

(*) Dream Act es un proyecto de ley que permitiría que los estudiantes indocumentados accedan a educación universitaria con una vía a la ciudadanía norteamericana.

El respeto a la infancia

Una de las cosas que me impresionan en EE.UU. es el cuidadoso sistema de circulación en zonas escolares. Durante las horas de entrada y salida de los colegios, los límites de velocidad se encuentran restringidos a apenas 15 mph (unos 25 kph), con guardias de seguridad que cuidan los pasos de peatones -con uniforme amarillo y silbato incluídos- para detener el tráfico cada vez que un viandante pretende cruzar la calle.

No diré que en hora punta no hay caos con tantos autos tratando de dejar a los niños (especialmente en Miami), pero sí me parece un sistema más organizado de lo que he vivido en otros países. Eso evita, al menos, que imprudentes o despistados se excedan, poniendo en peligro la vida de los más pequeños.

Otra cosa al respecto que me llama la atención son los autobuses. Todos amarillitos, como en las películas, bien identificados como transporte escolar. Y al momento que un autobús de estos para y extiende la señal de STOP que tiene adherida a los lados, todos los vehículos se detienen como si se entrasen frente a un semáforo en rojo.

Todo un espectáculo. Bien por aquellos que cuidan a nuestros hermanitos/as, hijos/as, sobrinos/as, etc… Recuerden que los niños de hoy son los hombres del mañana, y que su educación forjará su carácter. Que sea para bien.

Amelia Earhart, una inspiración para las mujeres

Acabo de ver la película “Amelia”, sobre la primera mujer que cruzó el atlántico en avión, además de otras muchas proezas aéreas. El filme -sólo por matizar- no es memorable, pero sí me impactó saber de la tenacidad de esta mujer, Amelia Earhart, lo cual probablemente le costó la vida en la más osada de sus travesías: dar la vuelta al mundo en avión a finales de los años 30.

Pero el punto de mi reflexión es más actual, más genérico. Me quedé pensando en el papel de las mujeres en la actualidad, después de que por siglos hayan peleado por derechos que para los hombres eran innatos. Aunque cada día llegamos más lejos, lo cierto es que todavía nos queda mucho camino por recorrer. Hace un par de años, llegué a pensar que EE.UU. tendría su primera mujer presidente. No pudo ser, aunque ya en otros países las mujeres han ocupado cargos similares, incluyendo la Primera Ministra Margaret Tatcher, quien ocupó la presidencia de Reino Unido durante la década de los 80.

Ánimo chicas, todavía nos queda mucho por hacer. 😉