Familia (1997)

Lo más curioso de una película como “Familia” es la premisa bajo la cual se crea la historia: ¿qué harías si, en el día de tu cumpleaños, te sientes completamente solo?

Santiago (Juan Luis Galiardo) lo tiene claro: quiere pasar un buen día en familia. Por eso, se alegra cuando al despertar en el día de su 55 cumpleaños recibe una grata sorpresa. Toda su familia se ha congredado en la cocina para felicitarle y entregarle regalos y sus mejores deseos.

Hay algo, no obstante, que huele a rancio en esta familia. A Santiago no le gusta el regalo de su hijo pequeño y no le cree cuando éste le dice que le quiere. A continuación, lo saca a la calle y exige un sustituto:  un niño que no lleve gafas, que no esté tan gordo y, a ser posible, que se le parezca un poquito.

Poco a poco, nos vamos dando cuenta de que en realidad la familia no es en realidad familia: la mamá no es la mamá, los hijos no son hijos y los demás… son sólo gente de más. Para aliviar un poco la tristeza de un día tan memorable sin compañía, a Santiago se le ha ocurrido la idea de contratar una familia de alquiler, una serie de actores que representan sus papeles para aliviar el vacío que siente Santiago.

El director y guionista, Fernando León de Aranoa, presenta una película interesante que ahonda en la soledad humana y la desesperación por compartir los buenos momentos. Es una comedia cruda, o un drama cómico, según queramos verlo, pero nos lleva a preguntarnos qué es lo importante en la vida a medida que pasan los años.

El tiempo pasa y parece que el fin de la existencia es la acumulación de cosas materiales que, irónicamente, jamás nos harán felices. Es una historia de hoy, una llamada desesperada, una advertencia para que no nos suceda lo mismo y apreciemos y valoremos a quienes nos rodean.

Secuestro Express (2005)

El propio nombre de la película ya llama la atención. Sencillo, claro y directo. El “secuestro express” es una modalidad de secuestro que, en los últimos años, ha incrementado su popularidad en algunos países de latinoamérica.

Su metodología es simple: se agarra a alguien por sorpresa, se le pasea por la ciudad vaciando sus tarjetas de crédito en los cajeros automáticos y, entre tanto, se espera a que la familia reúna una cantidad de dinero sustanciosa para liberar a la víctima.

A Jonathan Jakubowicz, director y guionista, le pareció suficientemente interesante como para narrar la historia de una joven pareja de clase alta que se enfrenta a esta situación desesperada y desesperante en Caracas.

En ella nos presenta algunos giros de guión interesantes, al menos los mínimos para no restar credibilidad a la narración y al tiempo poder mantener un cierto interés en la trama. La calidad general se percibe pobre, quizás porque está filmada completamente en video digital, aunque eso no debería restarle mérito.

Los diálogos rápidos y el argot callejero son muy locales, así que a los no venezolanos puede que se les haga algo complicado seguir todas las conversaciones. Pero bueno, seamos honestos, tampoco es tan difícil intuir el significado de ciertas palabras y dejarse llevar por el realismo que esto le aporta. Al fin y al cabo, de una u otra forma, todos hablamos español, ¿o no?

Una vez más, lo más interesante de esta cinta es la temática. Esa brutal práctica delictiva que no solo se da en Caracas, como aclarábamos al principio, sino que también sucede en otras partes, lo cual definitivamente provoca el morbo por conocer más.

La niña de tus ojos (1998)

Hace ya más de una década que Penélope Cruz decidió vestirse de sevillana y encarnar el papel protagonista en esta excelente película de época, situada en la Alemania nazi.

La situación en particular se da tras la Guerra Civil española, al viajar a Berlín unos actores españoles con el fin de rodar una película musical, “La niña de tus ojos”. Allí, las autoridades fascistas les colmarán de atenciones y pondrán todo a sus disposición para que pueda realizarse el filme. En contrapartida, el ministro de propaganda nazi pretenderá los favores de la actriz protagonista, Macarena Granada (papel que le mereció un Goya a Penélope Cruz).

La historia es en realidad un sátira que ridiculiza tanto a los alemanes como, en cierta medida, a los españoles de aquella época, empujados a la aventura de rodar en tierras germanas a causa de la posguerra en tierras españolas.

Se trata de una comedia interesante, con algunas pinceladas dramáticas, donde lo más llamativo es escuchar las coplas en alemán, además de disfrutar de un abanico de personajes corales en una película folclórica “made in Spain”. Penélope Cruz,como decíamos, se alzó con el Goya a la mejor interpretación femenina, un bien merecido galardón por una actuación que salva la película.

El aura (2005)

“El aura” es una película para quienes realmente les guste el cine. No se trata de acción gratuita ni de aberrantes efectos visuales. Es, simplemente, un buen filme para sentarse el sofá y disfrutar de su intriga. Después del éxito de “Nueve Reinas”, el director Fabián Bielinsky nos ofrece más metraje en que pensar. Eso sí, “El aura” es más relajada, más profunda y con un ritmo mucho más lento, sin caer en el aburrimiento, ya que la trama crece en intensidad a medida que pasan los minutos.

Su protagonista, Ricardo Darín –excelente actor argentino de películas como “El secreto de sus ojos” o “El mismo amor, la misma lluvia”- interpreta a un personaje extraño, de un triste pasado, melancólico, con una inseguridad sobre lo que le rodea y sobre sí mismo, aunque no tan apático para impedir que la trama permita sorpresas y giros interesantes, manteniendo el interés.

Lógicamente, no tratándose del cine comercial al que estamos acostumbrados, es mucho más difícil entrever el resultado de las acciones o incluso cuál será el desenlace y, por tanto, sorprendente. Eso es mérito de un guión excelente y una música y dirección de fotografía que se sitúan a su mismo nivel. Los personajes no son planos, sino que se muestran reales como la vida misma, complejos y llenos de detalles.

La monotonía del personaje principal se rompe con una invitación casual a una cacería de ciervos durante un fin de semana, catársis improvisada que desembocará en situaciones azarosas que lo empujarán a tomar acción, a agarrar las riendas y enfrentarse a las circunstancias, aun cuando pierda el control de los hechos.

En general, el clima de la película es inquietante y enrarecido, con violencia de extrema verosimilitud, inyectada por el realismo radical de este tipo de cine.

Yo, también (2009)

Lo particular de “Yo también” es que cuenta la historia del primer joven con síndrome de Down con título universitario. Lo especial es que, aun siendo ficción, su protagonista Pablo Pineda es realmente el acreedor de ese título.

Pablo, por supuesto, no es actor. O al menos no lo era, porque después de protagonizar esta excelente película junto a Lola Dueñas, se llevó el Premio al Actor Revelación en el Festival de Cine de San Sebastián. Un logro más para su laureada carrera, aunque esta vez sea en el séptimo arte.

Daniel, el personaje que encarna en la película, es un joven sevillano con síndrome de Down que comienza a trabajar en la administración pública. Desde el primer momento, entabla una sincera amistad con Laura, la cual causará un cierto impacto en el propio entorno laboral y, por supuesto, en la familiar. El problema se hace notable en el momento en que Daniel manifiesta su amor por ella, y ésta encontrará en él el afecto del que careció en toda su vida.

Se trata de una historia que podría calificarse de realista, sin cuentos de hadas, ahondando en el problema de los enfermos de Síndrome de Down y sus sentimientos, su vida, sus experiencias.

El filme, ópera prima de Álvaro Pastor y Antonio Naharro aborda este complicado tema con sutileza y elegancia, incluso con esporádicos toques de humor. El planteamiento parte desde la aceptación y el  optimismo, abriendo el camino al amor sin barreras, sin discriminación.

Sólo quiero caminar (2008)

“Sólo quiero caminar” es una coproducción hispano-mexicana escríta y dirigida por Agustín Díaz Yanes, quien también fuera el autor de “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” (1995) o “Alatriste” (2006), ésta última interpretada por el actor estadounidense Viggo Mortensen y basada en una serie de novelas de Arturo Pérez-Reverte.

Con “Sólo quiero caminar”, Díaz Yanes repite experiencia con Victoria Abril, con quien ya había trabajado en varias ocasiones anteriormente. A ella se le unen Elena Anaya, Ariadna Gil y Pilar López de Ayala, quienes serán el cuarteto de mujeres protagonistas. Del lado masculino, son los actores mexicanos Diego Luna y José María Yazpik los encargados de dar el contrapunteo.

La película comienza con un robo frustrado, una sensación que se transmite a la largo de todo el filme en los caracteres de las protagonistas. Gloria, Aurora, Ana y Paloma verán irse al traste sus planes en este primer intento, que resultará en el arresto y encarcelamiento de Aurora. Tras ello, cada una sigue con su vida y Ana, prostituta esporádica cuando la situación lo requiere, es contratada por unos traficantes mexicanos que acaban de llegar a España. Su líder, Félix (Yazpik), quedará prendado por sus encantos y le propondrá casarse con él e irse a vivir a México. Allí también se encuentra Gabriel (Diego Luna), quien es la mano derecha de Félix y principal ejecutor de las órdenes del narco, encargado de todos los asuntos sucios con una frialdad apabullante. Ana no tarda en encontrar trabajo a Gloria, quien tras despedirse de Aurora en la cárcel, viaja junto a su hijo a México. Una vez allí, se dará cuenta de los constantes malos tratos que recibe Ana, si bien vive colmada de lujos. En esa situación, ambas mujeres se plantearán dar un gran golpe a Félix y su banda, vengándose del esposo abusador y resolviendo sus problemas económicos de por vida. Con ayuda de Paloma, y una vez Aurora sale de la cárcel, las cuatro mujeres tratarán de llevar a cabo su plan.

Pantaleón y las Visitadoras (1999)

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero cuando un director decide llevar al cine una novela, resulta inevitable que se analice el paralelismo. En el caso de Francisco Lombardi, director de “Pantaleón y las Visitadoras”, el reto no parece amedrentarle. Es más, con esta van dos las ocasiones en que el peruano se ha atrevido a llevar al celuloide una obra de su compatriota, el laureado escritor Mario Vargas Llosa, siendo la primera “La ciudad y los perros”. Otro famoso autor al que Lombardi también ha adaptado es Jaime Bayly (“No se lo digas a nadie”, con Lucía Jiménez), ratificando su interés por retratar en varios cortometrajes la situación sociopolítica de su país.

En esta ocasión, con Pantaleón Lombardi arremete contra el ejército, con un tono de humor grotesco, poniendo el relieve la doble moral del poder militar.

La película trata sobre el capitán Pantaleón Pantoja (Salvador del Solar), militar de moral intachable, una disciplina impecable y discreción absoluta. Es por estas cualidades que sus superiores le asignarán esta peculiar misión: proveer al ejército de “mujeres de compañía” con el fin de atajar el problema de las crecientes demandas por violaciones contra el Ejército, por parte de las habitantes de la Amazonia.

Entre los actores, cabe destacar la presencia de la colombiana Angie Cepeda, quien logró gran popularidad interpretando el papel de una de las “visitadoras” más atractivas.

Lombardi entreteje visualmente una historia de ironía y crítica, esforzándose por plasmar en la película el trasfondo de la novela, una de las más importantes de la literatura latinoamericana contemporánea.

Si bien la película tiene poco más de una década, muestra un cine peruano interesante que ha sabido evolucionar dentro de sus posibilidades, llegando incluso a éxitos recientes como la nominada al Oscar, “La Teta Asustada”, de Claudia Llosa.

Rosario Tijeras (2005)

Basada en la novela homónima de Jorge Franco, “Rosario Tijeras” es una película colombiana que narra la vida de una hermosa mujer de Medellín. La trama transcurre a finales de los años 80 y principios de los 90, en torno al oscuro mundo de los sicarios.

La película, dirigida por Emilio Maillé, no sólo fue aclamada nacionalmente, sino que también tuvo reconocimiento en el extranjero, siendo nominada en España a un premio Goya a la mejor película.

El personaje de Rosario, interpretado en la película por la actriz Flora Martínez, es una mujer peligrosa que fue abusada y violada por su padrasto siendo niña. Tras una posterior violación durante la adolescencia por parte de unos vecinos, Rosario se vengará de uno de ellos cortándole los testículos con unas tijeras, lo cual le valdrá el sobrenombre de “Rosario Tijeras”. Su hermano mayor será el responsable de convertirla en asesina, vendiéndola a sus socios narcotraficantes. En su madurez, Rosario se independizará y seguirá su propio camino, tratando de reparar su pasado y enfrentándose a sus propias decisiones.

Recientemente, el Canal RCN adaptó la misma novela a una serie de televisión, bajo el título “Rosario Tijeras. Amar es más difícil que matar.”, protagonizada por la actriz María Fernanda Yépez. Esta telenovela se emite actualmente en EE.UU. a través de TeleFutura, y también pueden verse los episodios completos por Internet.

El éxito de “Rosario Tijeras” ha llegado incluso a la música, dedicándole una canción el cantante colombiano Juanes, cuya letra narra la biografía de Rosario.

Gigante (2009)

La historia de “Gigante” transcurre en un centro comercial, cuando las puertas se cierran y la noche se cierne sobre sus pasillos oscuros y solitarios. Allí es donde cohabitan, unidos por un turno de trabajo a deshoras, un vigilante nocturno de aspecto rudo y una timidez tan descomunal como su físico y una empleada de limpieza. Cobijados por el silencio, se irá fraguando una historia de amor atípica, silenciosa, de un romanticismo sigiloso. La monotonía del trabajo nocturno irá uniendo a estos dos personajes a través del corpulento vigilante, guía principal de la narración a través de sus videovigilancias, sus paseos rutinarios y su ansia por acabar con una soledad no deseada. Su gran corazón necesita demostrar su necesidad de cariño, comprensión y, por qué no, de una vida nueva que ayude a romper el tedio.

“Gigante” es una película solemne, que se mueve con una cadencia suave, pausada, como su personaje principal. Nos hace partícipes de un amor espía, escondido y cada vez más grande, disfrazado bajo el aspecto rudo del protagonista. No faltan, eso sí, sus toques de comedia entre tantos sentimientos reprimidos en una historia de amor furtivo, oculto, agazapado tras la monotonía nocturna.

El bajo presupuesto de esta película uruguaya no va en detrimento de su buena calidad. Se trata de un guión tan sencillo como realista, mundano, listo para enternecer incluso al más espectador más grandullón. Su autor, Adrián Biniez, es también el director y compositor de la música, y conocido por su papel como actor en la película “Whisky” (2004), de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.

El mismo amor, la misma lluvia (2002)

Después de que Juan José Campanella ganase un Oscar en 2010 por “El secreto de sus ojos”, probablemente se haya generado interés en el resto de la filmografía del director argentino. Entre sus películas pasadas dignas de mención está “El mismo amor, la misma lluvia”, interpretada por los mismos protagonistas que le ayudaron a ganar la estatuilla: Ricardo Darín y Soledad Villamil.

La trama se desenvuelve, curiosamente de un modo similar a su oscarizada producción, durante dos décadas de la historia de Argentina, a través de momentos de fuertes cambios políticos en el país. Pero este no es un filme sobre politica, sino más bien un romance de encuentros y desencuentros entre Jorge Pellegrini (Darín) y Laura (Villamil), cuyas vidas se entrecruzan a lo largo del tiempo mostrando una rica evolución de los personajes. Ambos son retratados como jóvenes idealistas que, a medida que la madurez hace mella en ellos, se van convirtiendo en realista convencida en el caso de Laura, frente a un resignado Jorge cuyo prometedor futuro como escritor se ha transformado en un desagradable trabajo como crítico de cine y teatro de una revista que moldea su tendencia editorial en base a las embestidas provocadas por el cambio de época.

Cabe recalcar la magistral composición de las situaciones en que otros personajes secundarios se ven implicados, aportando realismo a la historia  y contribuyendo a construir un retrato fiel de los sentimientos derivados de los acontecimientos que se dan lugar en el país. Eduardo Blanco, quien repite aquí con Ricardo Darín tras el éxito de “El hijo de la novia”, película también de Campanella, muestra en esta ocasión un personaje apasionante, contradictorio, de múltiples matices.

Lo mejor de la película es sin duda el guión, con excelentes diálogos y situaciones de comedia. Campanella demuestra una vez más que puede hacerse una película romántica sin caer en los estereotipos básicos de este género.