El secreto de sus ojos

El secreto de sus ojos, una co-producción de España y Argentina, se alzó este año, entre muchos otros premios, con la codiciada estatuilla de los Oscar. Juan José Campanella, su director, se reúne con Ricardo Darín una vez más para lograr una película de impecable sello artístico. En esta ocasión, nos encontramos una vez más con el drama de la vida, con sucesos que se entremezclan en este thriller de suspense.

No obstante, Campanella no deja atrás sus pinceladas humorísticas en algunas partes del filme, respaldado también por la recién ganadora de un Goya, Soledad Villamil, quien ya protagonizara en el pasado “El mismo amor, la misma lluvia” junto a Darín.

La película, narrada en presente y pasado, entreteje la historia de un asesinato y los acontecimientos que se sucedieron después, dejando mella en la humanidad de los protagonistas que la vivieron. También le da, cómo no, tintes románticos por momentos, no de amores de novela sino con los pies en el suelo, de una realidad abrumadora.

El secreto de sus ojos se centra en la investigación de un funcionario de justicia tras el asesinato de una joven y bella profesora, con toda la carga emocional que a éste le implica. Entre la actualidad y lo pasado, el protagonista muestra una parte de su vida, de su vacío interior, una vitalidad yerma que se nutre de la necesidad de descubrir viejos traumas del otro tiempo. Como telón de fondo, descubrimos matices de la corrupción y negligencia de la justicia argentina durante los años de dictadura.

Una vez más, Darín y Villamil transmiten al público toda la tensión sexual de la cinta, con la extraordinaria participación de secundarios reaviviando los sucesos.

En definitiva, una película digna de ver con una interpretación magistral de sus protagonistas y la grandilocuencia típica de un director forjado en las aras de la realidad más contundente.

El Mariachi

El Mariachi es sin duda la película que abre camino a Robert Rodríguez hacia el cine independiente.
Muy pocos hubieran logrado una producción como El Mariachi con tan sólo 7.000 dólares de presupuesto.
Robert dirigió, escribió, montó y grabó el sonido para su película, la cuál se convertiría en un éxito rotundo en el Festival de Cine de Sundance.

El Mariachi  (Carlos Gallardo) gira en torno a la vida de un artista que pretende triunfar en la gran ciudad con su talento musical, sin embargo las cosas no comienzan por buen pié, de hecho sufre grandes complicaciones en el momento en que es confundido con un asesino a sueldo a consecuencia de su maletín.

Se produce entonces un persecución y caza al Mariachi por parte de los secuaces del criminal Mauricio (Moco), lo cuales piensan que se trata de Azul, el verdadero enemigo de Moco.

No sabemos  si Robert por aquella época ya estaba influenciado de alguna manera con la visión cinematográfica de Tarantino, sin embargo encontramos pinceladas de humor negro que sin duda decoran el film en varias escenas.

La producción final de El Mariachi es impecable, tanto a nivel interpretativo como de producción, una película de obligada visualización para los amantes del cine independiente y que sin duda no puede defraudar a nadie.

El Mariachi se convirtió en una trilogía al producirse la segunda y tercera parte de la película, Desperado y El Mexicano, respectivamente, y está vez protagonizadas por Antonio Banderas.

Si desmejorar esta primera parte, es cierto que se mejoró a nivel interpretativo con las dos siguientes, pero sin lugar a dudas el guión de la primera parte de El Mariachi es el mejor.

Ágora


Varios años después de Mar Adentro, el llamado joven prodigio del cine español llega con una superproducción de matices historicos y conflictos frustrados. Con Ágora, Alejandro Amenábar recrea maravillosamente un film conmovedor de gran profundidad espiritual.

Eso sí, en ocasiones la película parece no profundizar suficientemente en los sentimientos de los personajes, en detrimento de la credibilidad y, sobretodo, de la empatía con el espectador. La cámara en ocasiones se presenta torpe, más víctima de una abrupta edición que de los dotes de dirección, en la que la historia cae en saltos bruscos e incoherencias narrativas.

El balance, no obstante, es positivo. Una película que cimienta la solidez del cine europeo, una alusión al cine de Hollywood exclusivamente dada por el presupuesto, la actriz principal y el idioma inglés, ya que la profundidad del tema tratado, así como el modo en que se hace, es más propio de un cine que va más allá del simple entretenimiento.

La historia se enmarca en la Alejandría de hace mil quinientos años, con datos puntuales de la situación politico-social de la época, que ayudan a situar al espectador sin aburrirlo. Así pues, hace un retrato de los cristianos, judíos y paganos del momento, con los conflictos propios del momento con sus trágicos desenlaces.

El director también muestra señales de temas trascendentales que atraer la curiosidad de los espectadores, con juegos de planetas, órbitas y otras incógnitas de la época que, a estas alturas, parecen obvias.

Si bien Ágora no es una de las mejores películas del cine español (y mucho menos una de las mejores del director), sí representa un logro para él y para el resto del cine que lucha por abrirse camino sin ser aniquilado por las altas producciones made in USA.

Los Abrazos Rotos

Almodóvar regresa al cine negro acompañado de su musa, Penélope Cruz, quien ya le acompañara en películas como “Carne Trémula”, “Todo sobre mi madre” y, más recientemente, “Volver”.

En esta ocasión nos pone en la piel de un guionista por encargo, interpretado por Lluís Homar, quien años atrás perdió la vista en un trágico accidente. En el presente, y desde esta nueva vida inmersa en oscuridad, Mateo Blanco ha pasado a llamarse Harry Caine, evadiéndose así voluntariamente de su existencia previa, viviendo bajo la supervisión constante de su directora de producción, Judit García, y del hijo de ésta, quien le sirve de mecanógrafo y secretario particular. Hoy día, Harry a aprendido a valerse en el día a día y a sobrevivir con su nueva personalidad adquirida, seguro de sí mismo y sin pensar demasiado en el pasado. Tras un accidente de Diego, el hijo de Judit, Harry se hará cargo de él por unos días en lo que, ante la insistencia del joven, le contará qué fue de Mateo, narrándole los hechos acontecidos años atrás.

Con toda seguridad, parte de la expectativa que existe en “Los abrazos rotos” se debe a la participación de Penélope Cruz y su reciente Oscar. No obstante, en esta ocasión parece que el director manchego se queda lejos de la originalidad y riqueza narrativa de filmes previos. Es una película interesante y con alguna gracia bañada en tonos grises de melancolía, aunque no goza de la frescura y espontaneidad de un tema como el abordado en “Hable con ella”.

Sin Nombre


“Sin nombre” es una historia de historias, una película de películas que se funden llegado el momento apropiado. Por un lado está Willy (Edgar Flores), al que apodan Cásper, un adolescente de Tapachula, México, para quien su familia es su banda, la Mara Salvatrucha, ni más ni menos. Por el otro, nos sumerge en la vida de Sayra (Paulita Gaitán), una adolescente que vive con su abuela en Tegucigalpa, Honduras, hasta que un buen día su padre regresa de EE.UU. para llevársela con su nueva familia.

Ambas historias, aparentemente inconexas al principio, se fundirán tras el encuentro de los jóvenes y se convertirán en una sola, un relato de violencia, inmigración ilegal y, por supuesto, de denuncia social.

Su director, Cary Fukunaga, marca sabiamente el ritmo de la acción y guia al espectador por dos mundos tan diferentes, macabros por momentos, como un elixir de realidad condimentado con tragedia y apenas endulzado por leves roces entre el cariño y el amor.

Sin lugar a dudas, una película cargada de un mensaje enérgico e impactante que vapuleará al espectador, dejándole múltiples sentimientos excepto la indiferencia.

La teta asustada

Con múltiples premios y nominaciones en su haber, la reciente producción hispano-peruana sigue cosechando triunfos allá por donde pasa.

“La Teta Asustada” hace referencia al pasado oscuro del país andino, un sentimiento de miedo transmitido en forma de leyenda a través de la leche materna por aquellas mujeres violadas en los años 80 durante el máximo apogeo terrorista de Sendero Luminoso.

Fausta, interpretada magistralmente por Magaly Solier, es una de esas jóvenes que padecen en carne propia las secuelas de las vejaciones sufridas por su madre. Tras morir, la intención de Fausta es enterrarla junto a su padre, para lo cual necesitará poner todo su empeño en conseguir el dinero necesario para lograrlo.

Bajo esta premisa, la directora Claudia Llosa nos sumerge en un mundo desconocido para muchos, de una lejanía que le otorga una pretendida inexistencia en nuestras mentes. Pero ahí está, y queda plasmado con una rotunda crudeza, un discurso realista y directo que, en muchas ocasiones, comunica la fuerza de sus argumentos mediante el silencio.

Una película que no deberían perderse. Y si tras verla se quedan con ganas de más, vean la primera película de Solier y Llosa: “Madeinusa“.