¡Hora de hacer ejercicio!

El primer paso fue la comida. Orgánica, por supuesto. Esta semana, en cambio, decidí que era el momento de dar el segundo paso… el gimnasio. Yo, que me canso con sólo pronunciar la palabra, hice de tripas corazón y me puse a investigar on-line sobre “fitness”.

Curiosamente, encontré una foto muy llamativa que me llamó la atención y, honestamente, no sé si me hace reir o llorar.

Pues sí, escaleras eléctricas de acceso a… ¡un gimnasio! El colmo de la ridiculez, pero así son las cosas. Quizás pensaron que mejor no poner trabas a los clientes y facilitarles el acceso. Mi pregunta es: ¿las pesas se levantan automáticamente con un botón? ¿sirven donuts y chocolate en la entrada? Todo sea por mantener feliz al cliente, ¿o no? Sin duda, así conseguirán que la gente vaya más al gimnasio…


Pero bueno, yo aquí sigo en mi dilema. Mi propuesta es la siguiente: como no quiero pagar una membresía anual y después aburrirme o retractarme, pienso que comenzaré con ejercicios ligeros en casa y, si después de un tiempo sigo motivada con la actividad física, me apuntaré a algo más serio.


Al fin y al cabo, aquí el compromiso es conmigo misma. Ah, se me olvidaba: yo soy de las que tomo las escaleras tradicionales.



Jugos naturales de frutas y verduras orgánicas

Dicen que la intención es lo que cuenta, pero cuando uno se propone comer más sano, la intención no es suficiente. Hace unos días llegué a mi casa feliz y contenta, con varias bolsas de frutas y vegetales orgánicos y lista para comerme el mundo. Lo que sin duda no estaba lista para comerme eran las espinacas al vapor, acelgas salteadas, papas hervidas…

Así que ahí estaba yo, con más de $100 en frutas y verduras orgánicas que no había quién se las comiera. Las frutas sí, más o menos fui agarrando una aquí y otra allá y, para ser completamente sincera, con cierta pereza las fui consumiendo. Con los vegetales la cosa se hizo un poco cuesta arriba, pero cuando algo se me mete en la cabeza, no hay quien me lo saque.

Solución: se me prendió el bombillo y de repente encontré la respuesta. Los jugos. Una fuente de vitaminas y minerales con dos grandes ventajas, son rápidos de ingerir aunque no te vuelvan loca y te ayudan a evitar llenarte con toda la fibra.

Ahora, entre comida y comida (y en ocasiones incluso combinándolas) me hago un jugo verde o uno de frutas. Al final, hasta le voy agarrando el gusto.

Ayer me pasé a la comida orgánica

Una de las razones por las que no compré antes comida orgánica es, para ser absolutamente sincera, el precio. Me pareció que tendría que trabajar horas extras si quería comer manzanas, zanahorias o papas sin tóxicos. En realidad, en el mercado campesino de mi ciudad -Miami- las cosas sí son un poco más caras que en los supermercados habituales, pero al final del día, apenas subió mi factura unos cuántos dólares más.

Ahora estoy pensando en pasarme también a los productos naturales: desodorante, jabón, pasta de dientes. ¿Me estaré volviendo obsesiva? Puede ser, pero ya me cansé de estar rodeada de gente enferma que, para curarse, sólo hacen que meterse más tóxicos en el cuerpo, las medicinas.

Pero no, no estoy en contra de los medicamentos (ni mucho menos de los médicos), pero sí creo fírmemente que, si habituamos al cuerpo a combatir por sí mismo las enfermedades, nos lo agradecerá inmensamente. Quizás la clave esté en combinar sabiamente una dieta equilibrada y libre de pesticidas con exámenes médicos periódicos.

Definitivamente, no soy hipocondríaca, pero creo que estoy caminando en la dirección correcta para poder llevar una vida más plena y libre de enfermedades.

El próximo paso… probablemente sea comenzar a meditar. 😉

Tina G.