Durian: el sabor del paraíso y el olor del infierno

Después de escuchar innumerables glorificaciones sobre la famosísima durian (también conocida como durián), decidí pagar el lujoso precio de 3 dólares la libra por una fruta que pesaba más de 4 libras.

Sentí que no tenía alternativa, no podía privarme bajo ningún concepto de comer aquel manjar que alegan ser de los afortunados del karma, de los elegidos por los dioses y que desdichado aquel que muere sin probar al menos una mordida de su paradisíaca pulpa. La consideran la reina de todas las frutas, la inigualable, la divina.

Sin embargo, mi experiencia con la durian ha sido infernal.

Durian es una fruta asiática. Su nombre se podría traducir como “espinosa”, y como bien lo indica, su cáscara es dura y compuesta por muchos pinchos a modo de espinas gigantescas. Se parece a la guanábana o al anón caribeño. Es grande, del tamaño de un melón y puede pesar hasta 14 libras. Su sabor se describe como intensamente dulce, su textura cremosa como el helado o el yogurt. Lo interesante o peculiar de la durian está en el olor de la misma. Yo conocía de esta característica, pero acostumbrada a tolerar varias frutas exóticas, raras al paladar, me confié en que por lógica si era una fruta comestible, sería biológicamente tolerable.

Feliz con mi durian en la mesa busqué un cuchillo para cortarla de manera correcta y poder por fin paladear este manjar exótico. Entonces sucedió lo peor, el olor más horrible y apestoso que pudiera yo experimentar en mi vida. El olor que emana la durian al abrirla se asemeja al gas que te echa una mofeta y que se queda pegado en tu ropa, tu piel, tu nariz por toda una semana. También me recordó el olor del gas de petróleo cuando se está procesando en la fábrica, o de la caña de azúcar en la guarapera. Algunos dicen que se asemeja a cebolla fermentada o huevos podridos. Otros son más certeros cuando dicen que huele como si una granja entera de cerdos decidiese evacuar gas a la misma vez. Yo creo que es algo realmente indescriptible, horripilante.

De más está decir que sin poder terminar de cortarla corrí a tirarla a la basura del patio, lejos de la casa. Tuve que esperar que se me pasaran los deseos de vomitar, tratando de borrar de mi mente el sentido del olor. Aún así pasaron horas y horas y todo me olía a durian. La cama me olía a durian… el agua, el desodorante, el refrigerador me olía a durian.

Ahora, luego de vivir la experiencia más increíble de mi vida ante una fruta diabólica, pienso que aquellos que afirman que es deliciosa, es porque definitivamente deben tener su olfato atrofiado, y lo más probable esto les ayuda a poder saborear el supuesto dulzor de la pulpa de la Durian. ¿Pero cómo puedes separar el olor del sabor al probar algo? Básicamente, con la durian, si vences el infierno, alcanzas el cielo.

Un entrante nada aburrido para esos kilos que hay que perder

Qué preparar de entrante un día que tengáis una cena

La receta se llama AMANIDA DE BOLETS , traducido en castellano sería ENSALADA DE CHAMPIÑÓN

INGREDIENTES
Lechuga a trocitos pequeños
Tomate vaciado por dentro y partido en dos
Tomates pequeñitos
Huevo duro, cortando las capas de arriba y de abajo
Aceite y sal

Cocemos huevos duros según los champiñones que queramos hacer. Una vez estén duros los enfriamos y les cortamos la parte de arriba y abajo, al mismo tiempo preparamos el tomate y lo partimos por la mitad vaciándolo por dentro, las dos partes, y poniéndole sal y aceite.
Ponemos el huevo sobre el plato y encima de él le ponemos el tomate, alrededor le colocaremos lechuga a trocitos muy pequeños adobados de aceite y sal y tomates pequeños. Esto lo sacamos a la mesa, y os quedará así de bonito…. os paso fotos…
Como veis amigos hispanos es un plato súper sencillo de hacer, y divertido a la vista que a los peques les podemos poner y así comer verdura sin darse cuenta.
Esta ensalada la llamamos bolet, por la forma que tiene, se le puede añadir todos los ingredientes que queramos, porque también la podríamos hacer con pasta fresca, o bien con gambas peladas, yo os paso la receta fácil y luego ustedes pueden decorarla como quieran

Bon Appétit!

AMANIDA DE BOLET
Esta foto es la presentación con un par de hamburguesas.

Jugos naturales de frutas y verduras orgánicas

Dicen que la intención es lo que cuenta, pero cuando uno se propone comer más sano, la intención no es suficiente. Hace unos días llegué a mi casa feliz y contenta, con varias bolsas de frutas y vegetales orgánicos y lista para comerme el mundo. Lo que sin duda no estaba lista para comerme eran las espinacas al vapor, acelgas salteadas, papas hervidas…

Así que ahí estaba yo, con más de $100 en frutas y verduras orgánicas que no había quién se las comiera. Las frutas sí, más o menos fui agarrando una aquí y otra allá y, para ser completamente sincera, con cierta pereza las fui consumiendo. Con los vegetales la cosa se hizo un poco cuesta arriba, pero cuando algo se me mete en la cabeza, no hay quien me lo saque.

Solución: se me prendió el bombillo y de repente encontré la respuesta. Los jugos. Una fuente de vitaminas y minerales con dos grandes ventajas, son rápidos de ingerir aunque no te vuelvan loca y te ayudan a evitar llenarte con toda la fibra.

Ahora, entre comida y comida (y en ocasiones incluso combinándolas) me hago un jugo verde o uno de frutas. Al final, hasta le voy agarrando el gusto.

Ayer me pasé a la comida orgánica

Una de las razones por las que no compré antes comida orgánica es, para ser absolutamente sincera, el precio. Me pareció que tendría que trabajar horas extras si quería comer manzanas, zanahorias o papas sin tóxicos. En realidad, en el mercado campesino de mi ciudad -Miami- las cosas sí son un poco más caras que en los supermercados habituales, pero al final del día, apenas subió mi factura unos cuántos dólares más.

Ahora estoy pensando en pasarme también a los productos naturales: desodorante, jabón, pasta de dientes. ¿Me estaré volviendo obsesiva? Puede ser, pero ya me cansé de estar rodeada de gente enferma que, para curarse, sólo hacen que meterse más tóxicos en el cuerpo, las medicinas.

Pero no, no estoy en contra de los medicamentos (ni mucho menos de los médicos), pero sí creo fírmemente que, si habituamos al cuerpo a combatir por sí mismo las enfermedades, nos lo agradecerá inmensamente. Quizás la clave esté en combinar sabiamente una dieta equilibrada y libre de pesticidas con exámenes médicos periódicos.

Definitivamente, no soy hipocondríaca, pero creo que estoy caminando en la dirección correcta para poder llevar una vida más plena y libre de enfermedades.

El próximo paso… probablemente sea comenzar a meditar. 😉

Tina G.