10 trucos para ahorrar

Ahorrar miles de dólares no es algo que suele suceder de la noche a la mañana. Para ello, se necesita tiempo y dedicación.

Estos son algunos de los consejos que, a lo largo del tiempo, pueden ayudarle:

Experimente con sus cuentas. Si utiliza algún tipo de software de finanzas, puede deducir virtualmente un cheque por valor de $100, $200 ó $300. No será un cheque real, pero el programa informático deducirá esa cantidad de su cuenta (aunque el dinero en verdad seguirá en su banco) y así será tratado como un experimento que le dirá si usted podría haber pasado sin ese dinero y, por tanto, haberlo ahorrado.

Seleccione sus billetes. La base de este sistema es similar al clásico de poner monedas en un bote. Consiste en determinar que cada billete de $5 (ó $10 ó $20 según elija) que llegue a su cartera deberá ser colocado en una caja aparte.

Establezca un “impuesto familiar”. Si lo hacen los gobiernos, ¿por qué no su familia? Establezca un sistema mediante el cual cada miembro de la familia deberá depositar en una alcancía $1 por día. Si aprenden a sacrificar un café o cualquier otro pequeño capricho, al final se sorprenderá de ver cuánto dinero han ahorrado y premiarse con algo especial para toda la familia.

Ahorre los gastos laborales. Cuando usted tiene gastos por su trabajo, en ocasiones su empleador puede demorar varias semanas en reembolsarle estos gastos. En el momento en que reciba el reembolso, probablemente usted ya haya pagado sus facturas y, en lugar de cobrar el cheque, quizás pueda permitirse ingresarlo en una cuenta de ahorros.

Tenga en cuenta sus reembolsos. Otra situación similar que le permite ahorrar un dinero extra, es al recibir cheques de reembolsos (“rebates”) al comprar ciertos productos. Algo interesante puede resultar comprobar su lista de la compra del supermercado, donde generalmente le indicará la cantidad que usted “ahorró” en la compra, y proponerse ingresar esa misma cantidad en su cuenta de ahorros.

Redondee al alza… o a la baja. Un truco simple pero efectivo es “engañar” a su libreta de cheques. Al hacer un pago mediante cheque de, por ejemplo, $133, deduzca de su libreta $135, de manera que si hace esto regularmente, a final de mes podrá comprobar que en su cuenta queda más dinero del que esperaba.

Impóngase cargos. Propóngase pagar por cada gasto en que incurre. En las compras comunes, usted puede imponer una tasa de interés del 10%, de modo que cada vez que compre algo deberá deducir el 10% que irá directamente a sus ahorros. Esto no sólo resulta ser una productiva forma de ahorrar, sino también de disuadirle de hacer compras innecesarias.

Ahorre los aumentos de salario. Sí, sí, ya sabemos que los aumentos de salario no es algo que esté muy de moda últimamente… pero para aquellos afortunados que se ven recompensados con un incremento salarial, les aconsejamos que tengan en cuenta esta medida de ahorro. La subida de salario suele ser una sorpresa, y ya que estamos acostumbrados a vivir con lo que teníamos, es un buen momento para decidir que ese aumento mensual o quincenal vaya a parar a nuestra cuenta de ahorros.

Divida su paga. Una forma directa de ahorrar consiste en establecer un sistema de ahorro por horas, es decir, tras cada semana trabajada, usted decide que 2, 5 ó 9 de sus horas trabajadas vayan a parar a su cuenta de ahorros, efectuando transferencias automáticas entre sus cuentas.

Sea el último en cobrar. Lo habitual (y hasta cierto punto recomendable) es determinar una cantidad de dinero que vaya a parar a su cuenta de ahorros. No obstante, si comprueba que a fin de mes le sobra algo de dinero, puede invertir el proceso. La forma en que puede proceder es efectuando primero todos los pagos, compras, etc… y apartar todo lo que sobre a su cuenta de ahorros. Eso evitará que gaste a final de mes lo que le sobre con la excusa de que ya había destinado una cierta cantidad para ahorros.

Eso sí, la tentación siempre está en no gastar el dinero en cosas innecesarias y saber decir NO a uno mismo.

¿Deudas yo? ¡Ni muerto!

Los hay que prefieren vivir sin endeudarse, no usar las tarjetas de crédito y no comprar nada hasta que tengan el dinero para permitírselo.

No obstante, la mayoría de los consumidores tienden a extralimitarse en sus gastos cubriéndolos con tarjetas y adquiriendo una deuda que no podrán pagar ni muertos.

Pero, ¿qué sucede con las deudas de un fallecido? ¿Tienen sus acreedores alguna posibilidad de trasladar esa deuda a sus familiares?

En EE.UU. existe la denominada “Fair Debt Collection Practices Act”, la cual exime a los parientes de un fallecido de la responsabilidad de cubrir su deuda. O expuesto en otras palabras, el deudor se lleva sus facturas impagadas a la tumba.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando el fallecido tiene una herencia pendiente de reparto? En este caso, sus bienes son empleados para cubrir esas deudas, y por tanto los herederos deberán conformarse con lo que quede tras ello.

Ahora bien, en estos tiempos de caos económico y deuda extrema, cabe la posibilidad de que no haya forma de que al morir un deudor pueda cubrir sus deudas. Como decíamos previamente, esas deudas quedan en un limbo sin garantías de ser cobradas.

Muchos hispanos, en cambio, no son conscientes de esto y acceden bajo presión a efectuar pagos a agencias de cobros. Gran parte de estas agencias emplean medios poco éticos y, lejos de informar a los familiares de la situación legal de la deuda, tratarán a toda costa de que ellos carguen con ésta.

Ante estas situaciones, hay que estar bien informado antes de proceden con las reclamaciones de agencias de este tipo.

No obstante, existen excepciones que también conviene conocer antes de rehusar pagar una deuda alegando que el titular de ésta ha fallecido. La deuda no queda exenta en caso de tratarse de una cuenta conjunta con el difunto, es decir, una en que la titularidad es de ambos (tampoco se es responsable cuando se trata meramente de un usuario autorizado).

Si tienes una deuda en conjunto con el difunto, como por ejemplo una cuenta de tarjeta de crédito que está a nombre de ambos, entonces tú sigues siendo responsable por esa deuda. Esto es sólo si ambos son titulares de la cuenta. Si sólo eres un usuario autorizado y no un titular, entonces no eres considerado como uno de los dueños y no eres responsable por la deuda.

Obviamente, para conocer todos los matices de la ley y su aplicación según estados o países, es mejor estar bien informado, la mejor herramienta para que no te engañen.

Escoger entre tarjeta de crédito o débito

Saber escoger correctamente entre una tarjeta de crédito y una de débito nos servirá para no tener ninguna desagradable sorpresa tras su utilización.

Una tarjeta de crédito se caracteriza por ser un préstamo con interés, de modo que es posible efectuar compras con un dinero que no tenemos en nuestra cuenta.
La tarjeta de débito utiliza tu propio dinero, limitado a la cantidad que se tiene en ese momento.

Existen una serie de ventajas y desventajas para cada una de ellas, de modo que vamos a detallarlas a continuación.

La tarjeta de crédito favorece la compra por internet con mejores protecciones, en contraposición con la tarjeta de débito.
Utilizar la tarjeta de débito cuando no hay saldo efectivo supondrá un coste mayor reflejado en comisiones, aunque hay cierto tipo de tarjetas de débito que no permiten un compra sin saldo disponible.

Para casos de desavenencias con las compras, las compañías de crédito congelan los cobros, sin cobrar intereses, hasta que se resuelve el asunto.
Esto no sucede con  un usuario de tarjeta de débito, aunque puede tener un apoyo limitado en caso de disputa.

Una de las mayores desventajas de la tarjeta de crédito son los altos intereses y comisiones por sacar dinero, que suelen llegar hasta el 30% de la cuota.
En este caso lo recomendable sería reponer cuanto antes el crédito usado para frenar la comisión por interés generada.

En cualquier caso y para ambas tarjetas, en caso de pérdida o robo se recomienda llamar cuanto antes a la compañía de crédito o al banco y cerrar las cuentas bancarias vinculadas con la/s tarjeta/s.