Feng Shui: la energía de las casas

El Feng Shui es un antiguo sistema chino de estética que emplea las leyes naturales del cielo y la tierra para ayudar a mejorar tu vida a través de una canalización de energía positiva.

Originalmente, el Feng Shui era ampliamente usado en el país asiático como una forma de orientar los edificios y otras estructuras de manera que su ubicación resultara más beneficiosa. Pese a que esta filosofía fue reprimida con dureza durante la Revolución Cultural de los años 60, en la actualidad ha adquirido mucha popularidad, particularmente en EE.UU.

Bajo la premisa de canalizar lo máximo posible la energía positiva en las casas, se emplean variadas técnicas dirigidas a fortalecer el crecimiento espiritual, despertar capacidades innatas o incluso materializar deseos, todo a raíz de mantener un hogar saludable siguiendo estas leyes de la naturaleza.

Uno de los ejemplos básicos de cómo la energía mal canalizada nos afecta positiva o negativamente es cuando nos despertamos por las mañanas. En ocasiones sentimos un tremendo pesar o angustia desde que nos despertamos, sin que encontremos razón aparente para ello.

Un análisis apropiado de las corrientes energéticas en las habitaciones de nuestra casa podrá ayudarnos a experimentar una evolución tanto en lo material como en lo espiritual. Particularmente, la ubicación apropiada de los muebles y otros elementos en el dormitorio favorecerá que se despejen las tensiones del día, las emociones encontradas y los nervios acumulados.

Si la casa, en cambio, no permite el flujo de energía positiva, genera que nos despertemos sin haber podido desechar lo negativo de la jornada anterior, ya que no puede recibir la energía cósmica. Esa es una de las razones por la que, como comentábamos anteriormente, en ocasiones nos levantamos cansados, con dolor de cabeza o sin ganas de levantarse de la cama.

Lo más curioso de la filosofía del Feng Shui es que se afirma que las casas habitadas anteriormente acumulan la historia energética de quienes vivieron en ella: alegrías, penas, frustraciones… y todo eso se transmite.

En casos de este tipo es recomendable hacer una limpieza de las energías con los cuatro elementos: agua, fuego, tierra y aire.

Yoga para el asma

El asma es una enfermedad crónica alérgica que la provocan varios factores como el polvo, los ácaros, la humedad, el polen, algunas comidas, los químicos, entre muchos otros alergénicos.

Sin embargo miles de asmáticos reconocen que su asma no es tan solo un factor físico sino en alto grado emocional-psicológico, puesto que cuando están más nerviosos o ansiosos, están más sensibles a los estímulos y más propensos a una crisis asmática.

El yoga ha sido, durante siglos, una ciencia reconocida por sus efectos para tratar el asma. No solamente trabaja en el aspecto físico de fortalecer el sistema respiratorio, sino que ayuda a tener un control pausado de la respiración, ayudando también a la estabilidad emocional y psicológica del asmático.

Por eso para curar el asma es importante combinar el Hatha yoga (yoga del cuerpo) con el Jnani yoga o Raja yoga, que es el yoga de la mente. Esto incluye técnicas de meditación para aprender a relajarnos, a no vernos afectados por el estrés y la ansiedad y para no desesperarnos en un momento de crisis.  La mayoría de los asmáticos que mueren debido al asma es también por la imposibilidad de relajarse y controlar la exhalación durante la crisis asmática.

Las asanas o posturas yoguis que curan el asma son:

Dhanurasana o El bote

Paschimottasana o La pinza

Sarvangansana  o La vela

Matsyasana o El pez

El asmático debe practicar estas asanas dos veces al día y al terminar hacer una pequeña relajación acostado en el suelo, por unos cinco minutos. Luego de la relación, es recomendable una meditación de unos 15 minutos para cerrar la práctica de una manera completa.  La meditación logra que el estado de relajación física, mental y emocional, dure más en el asmático a lo largo de todo el día.

Hábitos saludables para una larga vida

Seguir unos hábitos saludables no sólo nos ayuda a sentirnos mejor, sino que podría prolongar nuestra esperanza de vida hasta en una década.

Nunca te saltes el desayuno. Como nos decían desde chiquitos, el desayuno es la comida más importante del día. Aun así, hay muchos que todavía piensan que no comer nada en las mañanas les ayudará a perder unas libras. Cuando te saltas el desayuno, tus niveles de azúcar en la sangre caen, privándote de nutrientes importantes y energía para el resto del día. Aquellos que desayunan encaran el día con una actitud más positiva en la escuela y el trabajo y rinden más.

Cuidado con lo que comes. Come muchas frutas y vegetales. Las frutas son frescas y jugosas, proporcionándote el líquido que necesitas para mantenerte hidratado, al tiempo que ofrecen las vitaminas y nutrientes de los que otros snacks carecen. Son saludables y dulces, además de contener antioxidantes que ayudan a prevenir el envejecimiento.

Come con regularidad. Saltarte comidas puede llevarte a un hambre desmesurada, a menudo resultando en comer de más. Cuando estás hambriento, es tentador saltarse una nutrición apropiada. Comer snacks puede ayudarte a sobrellevar el hambre entre comidas, pero no dejes que sustituya una comida completa.

Deja de fumar. Los estudios demuestran que al dejar de fumar puedes restablecer las funciones de tu corazón a unas condiciones similares a los años en que no fumabas. Respirarás mejor, reducirás tu posibilidad de enfermedades del corazón, cáncer y más. Por supuesto, si no eres fumador, aléjate de aquellos que sí lo son. Los fumadores pasivos están igualmente expuestos a riesgos: no dudes en decirle a aquellos que fuman que no lo hagan delante de ti.

Haz ejercicio a diario. No tienes que ser un deportista profesional, pero sí puedes tomarte 15 ó 20 minutos para hacer algo de ejercicio cada día. Camina, baila, sal a correr, juega a fútbol o cualquier otra cosa que haga que tu corazón se mueva por un tiempo.

Duerme. Dormir al menos 8 horas cada noche puede alargar tu vida. Tu cuerpo necesita tiempo para “recargarse” cada noche y poder comenzar fresco y llego de energía para enfrentarse a un nuevo día.

Dedícate tiempo. Toma algún tiempo de tu ocupada agenda. Cuando lo hagas, elimina cualquier posibilidad de intromisión: desconecta el teléfono y apaga el celular si hace falta. Cierra los ojos, respira profundo y deja que tus pensamientos floten. Puedes practicar meditación o yoga, o relajarte en un baño caliente con aromaterapia. Cuando te llegue un pensamiento, aléjalo flotando a la deriva.

La migraña y el yoga

Es un hecho que el yoga cura varias enfermedades. Sobre todo es muy reconocido su beneficio en las enfermedades crónicas, como el reumatismo, el asma, la hipertensión y la migraña, entre otras.

La migraña es una enfermedad muy común, más aún en la actualidad, combinada con el estrés diario, la mala alimentación y el aumento de los trastornos hormonales y alérgicos, todos ellos latentes en la sociedad moderna.  Se trata de una enfermedad neurológica, donde las arterias del cuello y de la cabeza se inflaman, provocando un intenso dolor al dilatarse.

La jaqueca o migraña, es una enfermedad aparentemente sin cura. Sin embargo, está probado que pacientes que practican yoga diariamente, logran controlar la enfermedad al punto de la plena desaparición de los síntomas.

No se debe practicar las asanas o posturas de yoga durante una crisis de migraña.  Se debe evitar todo ejercicio o presión sanguínea sobre la médula ósea, o sobre las arterias craneales durante la crisis de jaqueca.  Por eso este ejercicio o asana se debe practicar cuando NO se tiene migraña, como un remedio preventivo.

La asana primordial para la cura de la migraña es la SIRSASANA, o parado de cabeza.  Esta postura provoca que gran presión sanguínea corra por las arterias de la cabeza, fortaleciéndolas y rejuveneciéndolas.

Muchas personas mayores no se sienten capaces de hacer esta postura, pero con algo de práctica, todos estamos capacitados para hacerla y  pronto notará que realmente no es tan difícil.

Al inicio, cuando el practicante no puede controlar el peso del cuerpo sobre la cabeza, se debe practicar el ejercicio junto a una pared, apoyando el talón de los pies contra la pared para no perder el equilibrio.

La Sirsasana se logra mediante cinco pasos.

En primer lugar, uno debe sentarse en el suelo, sobre los muslos.

1-    Coloque las manos en el suelo y júntelas entrelazando los dedos, creando un triángulo con los codos apoyados en el piso.

2-    Coloque la cabeza entre las manos, apoyando la parte frontal del cráneo en el piso (es importante que sea la parte frontal la que se use de apoyo y no la parte superior de la cabeza). Se acurruca el cuerpo creando un ovillo.

3-    Estire las piernas y eleve las caderas creando un triángulo con todo el cuerpo, sin levantar la cabeza de entre las manos.

4-    Acerque los pies caminando de puntillas, poco a poco, hacia adelante, elevando cada vez más las caderas. Eleve de un salto ligero los pies y recoja las piernas en una contracción del abdomen, juntando los muslos, controlando el peso del cuerpo y el equilibrio con el abdomen.

5-    Estire las piernas hacia arriba lentamente manteniendo el equilibrio. Controle la postura lo más derecha posible.

Puede aguantar la postura por un minuto o menos. Lo importante es sentirse cómodo en la misma y no forzar el cuello, ni presionar ninguna zona de la cabeza de manera desagradable.

Al bajar los pies es importante mantener la cabeza baja por unos minutos entre las manos, como en el paso número 2, porque si levanta la cabeza rápidamente puede producirle náuseas y mareo.

Si aún después de intentarlo, usted siente que le es difícil lograr el parado de cabeza,  puede optar por la postura mediadora: La sarvangansana (la vela).  La Sarvangansana es una asana que tiene también gran efecto en el mejoramiento de la migraña, aunque no tan profundamente como la Sirsasana.

Yoga para la obesidad

¿Cansados de los ejercicios aeróbicos que nos producen más ansiedad para comer? Lamentablemente, son muchas las personas que no logran bajar de peso, a pesar de practicar por meses e incluso años rutinas aeróbicas. La razón principal es porque los ejercicios aeróbicos trabajan únicamente en el plano físico, pero no cambian mucho el estado mental, necesario para lograr un radical cambio de vida.

Algo negativo de los aeróbicos es que su ritmo rápido y violento puede aumentar el nivel de ansiedad mental, incrementando nuestro apetito y vicio por la comida. Para aquellos que sufren de obesidad a causa de la ansiedad y el estrés, los aeróbicos tradicionales una hora al día, en la mayoría de los casos, son una pérdida de tiempo y dinero.  Como reza un dicho antiguo: “los grandes cambios en la persona han de comenzar de adentro hacia afuera”, y eso es exactamente lo que hace el yoga.

El yoga es una ciencia milenaria que trabaja sobre el sistema glandular humano mediante posturas, creando un efecto más completo y directo en el sistema metabólico.  El yoga trabaja además sobre la mente, produciendo un estado de relajación que ayuda a eliminar la ansiedad por comer desaforadamente. Sin necesidad de grandes tensiones físicas, mediante la práctica de asanas de manera pausada y relajada, el yoga, una nueva filosofía de vida, nos transforma internamente.

El yoga afecta a nuestros músculos, glándulas, órganos, mente, respiración, incluso nuestros chakras y energía espiritual de manera trascendental. Se cree que es capaz de curar muchas enfermedades, pues su filosofía  es poner nuestro cuerpo, mente y alma en equilibrio y está probado que todas las enfermedades físicas están altamente vinculadas a la mente y las emociones.

Para la obesidad, hay posturas/asanas específicas que trabajan sobre las glándulas endocrinas, que han sido probadas eficientes a lo largo de muchos siglos. Debido a que trabajan en el sistema metabólico y digestivo, es importante por ello que se realicen con el estómago vacío, antes de comer. Algunas de estas asanas  son: la bhujaungasana o postura de la cobra, la paschimottasana o postura de la pinza, la padahastasana o postura de la cigüeña y la naokasana/dhanurasana o postura del arco/bote.

Hatha Yoga: la perfección del cuerpo

El yoga está dividido en tres ramas: Hatha Yoga (asanas o el progreso físico), Raja Yoga (meditación o el progreso mental) y Bhakti Yoga (devoción o el progreso espiritual). Estas ramas se correlacionan para conllevar una práctica más completa, pero a la vez cada una de ellas es un camino individual que lleva a la autorrealización del ser.

El Hatha Yoga está compuesto por posturas corporales o, como se llaman en sánscrito, “asanas”. Inicialmente estas posturas fueron creadas por los monjes renunciantes de los Himalayas, quienes dedicaban horas enteras a la meditación, contemplando las posiciones de los animales en la naturaleza virgen. Fue así como se crearon las diferentes asanas, muchas con nombres de animales. Las asanas trabajan principalmente en los Chakras o centros energéticos del cuerpo, creando un balance y equilibrio total.

Sin embargo, para muchos que no creen o discrepan de la teoría de los chakras, les basta reconocer que las asanas definitivamente benefician los diferentes sistemas del cuerpo humano: óseo, nervioso, sanguíneo, respiratorio, glandular, digestivo y excretor, metabólico, cardiovascular y reproductivo.  Es por ello sin duda, que el Hatha Yoga ha ganado gran prestigio en la cura de miles de enfermedades, tales como la obesidad, la hipertensión, el asma, e incluso enfermedades tan complejas como el cáncer, están siendo tratadas mediante el Hatha Yoga.

En sánscrito la palabra Hatha Yoga significa “yoga forzado”, refiriéndose a la idea de presionar o estimular los chakras a través del cuerpo físico, de una manera sólida y contundente. Es el método de yoga más popular y difundido por el mundo. A menudo se confunde el yoga en su totalidad como Hatha Yoga, cuando el mismo no es más que una minúscula parte de una ciencia sumamente vasta y profunda.

La secuencia de Hatha Yoga más conocida se llama la Secuencia del Belga, conocida también por el nombre de su autor Patañjali. En realidad, esta secuencia, compuesta por 10 asanas básicas, era conocida mucho antes de que Patañjali lo diese a conocer en su Yoga Sutra. Patañjali fue más bien el difusor de esta secuencia. Según la creencia, bastaban estas diez asanas para curarse de todo mal o enfermedad y para alcanzar la beatitud física, mental y espiritual.

Algunas de las asanas de esta secuencia son: Sarvangansana (La vela), Halasana (El arado), Pachimottasana (La pinza), Nagasana (La cobra), Dhanurasana (El arco) y la Sirsasana (Parado de cabeza) la cual se considera la reina de las asanas.

A consecuencia de la gran popularidad del yoga, se han creado muchos instructores que deliberadamente han mezclado yoga con posturas aeróbicas más fáciles para los clientes, en cierta forma alejadas de lo que viene siendo el yoga auténtico. Sin embargo, de vez en cuando uno se encuentra un buen maestro, quien ha vivido por décadas y décadas la ciencia del Hatha Yoga, día tras día, y sin duda alguna muestra una flexibilidad, longevidad y salud sorprendentes, infinitamente inspiradoras.

El Yoga auténtico

La palabra yoga significa “unión”, simbolizando la unión de la mente, el cuerpo y el alma individual (Yo) con la entidad cósmica suprema (Dios). Su práctica no es una religión, sino como muchos científicos reconocen, una ciencia, una filosofía de vida.

El yoga surge hace cientos de miles de años, en los Himalayas, donde los monjes que renunciaban a la vida mundana social, se refugiaban en las cuevas para encontrarle sentido a la vida. De generación en generación aquellos que se llamaban Gurus secretamente compartieron sus conocimientos sólo con aquellos que sinceramente deseaban sacrificarlo todo por las prácticas ocultas.

El primer yogui que decide sacar las enseñanzas de lo oculto algunos consideran que fue Patañjali, el autor de los textos en sánscrito “Yoga Sutras”, escritos en el año III antes de Cristo. Frecuentemente Patañjali es nombrado como el fundador del yoga debido a su trabajo, aunque en realidad otros lo consideran una figura menor. Lo cierto es que los Yoga Sutras se convirtieron en un clásico para expandir el yoga más allá de los Himalayas.

De cualquiera manera, la importancia del Gurú era aún respetada como imprescindible en la práctica del Yoga. Gurú no significa meramente maestro, sino aquel que te saca de la oscuridad a la luz. El gurú debía ser alguien que poseía sabiduría espiritual, grandes habilidades físicas y hasta poderes psíquicos. Pero sobre todo, era alguien que impartía la doctrina como servicio a la humanidad completamente desinteresado y sobre todo, gratuito.

Sin embargo, da risa ver cómo el yoga ha llegado a comercializarse tanto que el gurú se ha convertido en un entrenador en ropa deportiva de lujo, que cobra altas sumas de dinero por impartir una clase. Y del yoga inicial, auténtico, tradicional, al yoga comercial del siglo XXI, es evidente la gran diferencia.

Las técnicas de meditación que imparten no son más que ejercicios de visualización, concentración o relajación, que usaban los antiguos Gurús tan sólo para entrenar la mente antes de  la verdadera lección de meditación.  Pero las legendarias y auténticas lecciones de meditación, aún hoy, pocos las conocen. Incluso las técnicas de Hatha Yoga, que esos llamados “gurús” del yoga moderno, presumen impartir muy bien, la mayoría están alteradas de manera que sean fáciles y agradables para el cliente. Lo irónico de la situación del “yoga a la moda”, es que los auténticos yoguis, aquellos que viven la doctrina no sólo en cuerpo, sino en mente y alma, quienes viajan fuera de India para enseñar la doctrina como misión, vistiendo sus ropas naranjas de renunciantes, esos son vistos como bichos raros, y sus organizaciones apenas se pueden mantener con unas pobres donaciones de los escasos discípulos.

El yoga verdadero tristemente está muriendo, aplastado por el yoga superficial y plástico.

Por eso, se aconseja que si uno está verdaderamente interesado en aprender el yoga como filosofía de vida, aprendámosla de aquellos que han dedicado toda  su vida a encarnar la sabiduría de esta ciencia humana, que ha sido altamente reconocida a través de tantos siglos.